Una subida de peso o un estancamiento, incluso cuando intentas perder lo que te sobra limitando las calorías, puede deberse a muchas otras razones además de la alimentación. Y en ese caso, como imaginas, no sirve de nada pasar hambre: no cambiará nada. Lo que hay que hacer es identificar la causa de ese desajuste y ponerle remedio.

Hay etapas en la vida en las que, por mucho que cuides lo que comes, hagas deporte y te untes crema anticelulítica, no hay manera: los kilos ganados hace poco o los que se han ido acumulando con los años siguen ahí, sin que la báscula se mueva ni un gramo. Y mientras te preguntas qué puede impedirte adelgazar, te fijas en los caprichos que te permites de vez en cuando y te preguntas si también tendrás que eliminarlos. Cuidar la figura, sí, pero sin pasarse con las privaciones: quién sabe, puede que esos depósitos de grasa no tengan nada que ver con tu alimentación o que sean solo el resultado de elecciones de alimentos poco acertadas.

Estos son algunos factores que pueden estar detrás de un aumento de peso o de que se estanque la pérdida de peso, porque los kilos no dependen solo de las calorías ingeridas: también influyen factores físicos y psicológicos.
Para empezar, ¿tomas la píldora?
Los datos disponibles no permiten concluir que la píldora tenga un efecto propio sobre el peso, aunque algunas mujeres refieren cambios en el apetito o retención de líquidos. Esa retención, ya se deba a la píldora o a una alimentación demasiado rica en sal, puede hacer que te sientas «hinchada» y dar la impresión de un aumento de peso que no es más que un exceso de agua almacenada en el organismo: vasos y tejidos. Si notas una hinchazón anormal en alguna parte del cuerpo, sobre todo en tobillos y pies, o una sensación de pesadez, coméntalo con tu médico, que podrá identificar con claridad las causas de esa hinchazón y aconsejarte un tratamiento. Y si el aumento de peso sigue sin explicación, también es a él a quien debes consultar.

El estrés
El estrés ya carga con la fama de provocar ansiedad, depresión y toda una serie de dolencias tanto físicas como psicológicas; también puede influir en no pocos aumentos de peso, aunque los mecanismos más precisos, como el del NPY, siguen en estudio. Y, por desgracia, conocemos bien el reflejo de recurrir al bote de Nutella para compensar un día estresante; pero el estrés también actúa por otras vías más discretas: el apetito, el sueño y las elecciones alimentarias. Por eso merece mucho la pena librarse del estrés, algo que no es nada fácil, cierto, pero necesario.
Para empezar, piensa en el deporte, la relajación, el yoga… Existen todo tipo de actividades adaptadas al carácter de cada persona que pueden ayudar a liberar el estrés y los problemas del día a día.
Ácidos grasos que conviene limitar
Probablemente ya lo sepas: no todas las grasas son iguales. Algunas son buenas para la salud (en cantidad razonable) y más amables con la figura; otras son responsables del colesterol malo y contribuyen en gran medida al aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Entre las grasas que conviene limitar están, en primer lugar, los ácidos grasos trans de origen industrial, que nacen de la transformación de aceites vegetales modificados mediante hidrogenación, generalmente para pasar de líquidos a sólidos: lo que originalmente era aceite vegetal ya no conserva las cualidades del aceite vegetal de partida. Y no son los únicos: los ácidos grasos saturados, incluso cuando no se han hidrogenado industrialmente, también contribuyen a elevar el colesterol LDL y conviene limitarlos.
Así que mejor aliña y cocina con aceites vegetales que puedas ir variando (nuez, colza, oliva, girasol, avellana…) y desconfía de la bollería, los pasteles y los aperitivos de bolsa: a menudo son muy grasos y, en ocasiones, se elaboran con grasas parcialmente hidrogenadas. Merece la pena comprobar si en la lista de ingredientes aparecen aceites parcialmente hidrogenados.
Del mismo modo, en general conviene elegir bien entre alimentos que parecen idénticos pero no se comportan igual cuando se asimilan. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los cereales integrales y los refinados: los segundos suelen tener un índice glucémico alto y pueden provocar un pico de insulina al asimilarse, mientras que los primeros, por lo general, lo hacen en menor medida; el índice glucémico varía según el tipo de cereal y su grado de procesamiento. Además, se asimilan rápido, lo que puede favorecer los ataques de hambre más que los cereales integrales, que además tienen más fibra y resultan beneficiosos para el tránsito intestinal.
Un cansancio importante que se va acumulando
Dormir poco puede influir en el hambre y, en algunas personas, en el aumento de peso, aunque los efectos varían mucho de una persona a otra. Así que, de nuevo, es un punto esencial para la salud y para la figura: duerme lo suficiente y, si has dormido poco y tienes ocasión, plantéate una pequeña siesta después de comer.
Flora intestinal alterada
De nuevo, las investigaciones exploran el papel de la microbiota en la regulación del peso y la asimilación de calorías, pero los datos aún no permiten llegar a conclusiones definitivas. En efecto, en el intestino hay muchas bacterias y, en contra de lo que podría pensarse, algunas son beneficiosas. Ahora bien, en las hipótesis estudiadas, cuando se acumulan bacterias «malas» en detrimento de las «buenas» (una simplificación, cierto, pero resume la importancia de una flora intestinal saludable), podría producirse un aumento de peso más o menos importante aunque la cantidad de calorías ingeridas siga siendo la misma.
Ante un desequilibrio de la flora intestinal, algunos enfoques buscan favorecer una microbiota equilibrada y diversa, en lugar de eliminar directamente las bacterias indeseadas. Para ello pueden ayudar ciertos alimentos, como las alcachofas, las cebollas, la endibia y los alimentos ricos en fibra…
De hecho, hoy se habla mucho de los probióticos: son microorganismos vivos; su interés para una microbiota equilibrada y diversa sigue estudiándose, sin conclusiones definitivas por ahora.
En cuanto a las bifidobacterias, citadas a menudo también en relación con una flora intestinal saludable, se encuentran sobre todo en algunos lácteos bajo la denominación bifidus.
Tampoco olvidemos los medicamentos: si tu peso cambia sin explicación, coméntalo con tu médico, que también podrá revisar los tratamientos que sigues.
Por último, un trastorno tiroideo es una de las causas que puede buscar tu médico ante un aumento de peso inexplicado. Si tienes dudas, no dejes de consultarle.
En la práctica, quédate con esto: antes de lanzarte a semanas de restricción, repasa las posibles causas: sueño, estrés, sal, grasas transformadas y medicamentos. Una hinchazón inusual, un cansancio que se instala o un aumento de peso inexplicado merecen la opinión de un profesional sanitario, en lugar de pasar hambre en silencio.





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