¿Por qué se nos cae el pelo?

Ya ha llegado el otoño, la estación del primer frío, la del cansancio y la falta de sol, la del estrés y los días de mil cosas, o incluso la del bajón. En resumen, nada demasiado alegre para nuestro pelo, que también suele hacer mala cara. El resultado es que imita a las hojas rojizas y empieza a caerse. No es agradable y a veces preocupa; no es raro preguntarse si después del otoño nos quedará algo. Las razones de la caída pueden ser muchas, empezando por la herencia genética, y según cuál sea la causa hay buenos hábitos que adoptar y algunos apoyos para prevenirla, frenarla o detenerla.

Para empezar, tranquilidad: la caída del cabello es natural; de hecho, es la que garantiza su renovación. Cada cabello sigue un ciclo de vida que termina de forma natural con su caída: una fase de crecimiento que dura varios años y una fase de reposo de unos tres meses al final de la cual el cabello se cae.

Un cabello largo aislado sobre una tela beis, visto en macro
Cada cabello sigue su propio ciclo antes de caer

Así, perdemos de media entre 50 y 100 cabellos al día y, hasta ahí, nada anormal: la mayoría de las veces ni nos damos cuenta. El día que te lavas el pelo ves más de golpe, porque los que estaban retenidos se van juntos. Es algo mecánico, no una señal de alarma.

Un bol de fruta fresca sobre una tela clara
Fruta de temporada, vitaminas y antioxidantes en el menú

En cambio, el otoño parece una época en la que la caída aumenta, así que es normal ver más pelos en el cepillo o en la ducha después de lavarte el pelo. Esta caída estacional suele durar unas semanas, rara vez más de dos meses. Anótalo en tu agenda de un año para otro: si cada otoño se repite el mismo patrón, ya tienes la respuesta, y es tranquilizadora.

Un pequeño tarro de levadura de cerveza en copos y su cuchara de madera
La levadura de cerveza, una aliada discreta del cabello

Pero además de la caída natural, que no tiene nada de preocupante, a veces se pierde mucho pelo durante un periodo prolongado. Estas caídas «anormales» pueden tener varias causas.

Para empezar, los primeros sospechosos: el estrés y el cansancio generalizado. Que el estado físico y psicológico influye en el cabello ya no hay que demostrarlo; es un hecho: la depresión, la sobrecarga de trabajo, el estrés o la falta acumulada de sueño pueden provocar una caída importante. Pero el daño no termina ahí: la calidad del propio cabello también puede resentirse con esas condiciones de vida. Tiende a romperse más, a secarse, a perder brillo, y el cuero cabelludo también lo nota, hasta llenarse de caspa o empezar a picar, con rojeces incluidas.

Y el problema es que, en esto del estrés y compañía, no hay una pastilla que lo resuelva todo: hay que aprender a gestionar el estrés y la ansiedad, ya sea con ayuda de un especialista o con válvulas de escape de todo tipo: deporte, paseos por el bosque, actividades creativas y buenas noches largas de sueño, todo un estilo de vida. Es menos vendible que una loción, pero ahí está la clave.

A esto se suman las carencias alimentarias, que también tienen consecuencias claras en la caída. Y sí, el cabello está vivo y necesita vitaminas y minerales para crecer y renovarse. Hierro, zinc, vitaminas del grupo B, aminoácidos… son necesarios para el cabello tanto para su salud como para su aspecto. Y para asegurar aportes suficientes no hay secreto: una alimentación equilibrada.

Si un análisis confirma una carencia, un profesional sanitario puede proponer un complemento; fuera de ese caso, no hay pruebas de que prevenga la caída estacional. Cuidado con la automedicación: tomar hierro o zinc «por si acaso» no es inocuo, y una suplementación se decide a partir de un análisis. Empieza por hablarlo con tu médico de atención primaria, que pedirá las pruebas necesarias.

Y pasamos a las dietas draconianas que, a menudo desequilibradas, pueden tener consecuencias importantes para el cabello. Si quieres perder peso, mejor ponerte en manos de un dietista-nutricionista o de tu médico, que sabrán aconsejarte sobre la elección de alimentos y las buenas combinaciones para perder peso de forma controlada y sin carencias.

El siguiente punto va especialmente para vosotras, señoras: ¡ojo con los tratamientos agresivos! Los tintes, las decoloraciones y los cepillados pueden debilitar y romper la fibra; los peinados demasiado tirantes pueden, con el tiempo, provocar alopecia por tracción, sobre todo en las sienes y la línea de implantación. Así que modera el ritmo y deja respirar tu melena, tanto entre tinte y tinte como entre cepillado y cepillado. Espaciar las sesiones, dejar que el cuero cabelludo respire, elegir un champú suave y nutrir los medios y las puntas una vez a la semana: no cuesta casi nada y se nota mucho.

Del mismo modo, elige productos de cuidado adecuados. Evita las fórmulas demasiado agresivas, invierte en un champú de buena calidad y adaptado a las necesidades de tu cabello; es lo mínimo. Piensa también en un aceite nutritivo para mimarlo al menos una vez a la semana.

También conviene saber que las variaciones hormonales que vivimos a lo largo de la vida (adolescencia, embarazo, menopausia y desequilibrios) pueden afectar a nuestra melena. Por ejemplo, es normal perder pelo después del embarazo y, en principio, la caída se detiene sola. En la menopausia, en cambio, la densidad puede disminuir de forma más duradera, y entonces es útil consultar con un profesional médico. Pero, de nuevo, no dudes en hablarlo con tu médico, que sabrá orientarte.

Y hablando de hormonas, cuidado con algunas píldoras anticonceptivas que no encajan contigo y que también pueden desencadenar caídas.

Entonces puede que te prescriban un análisis hormonal para detectar cualquier desequilibrio y, si hace falta, corregirlo.

Por último, algunas personas tienen mayor predisposición a los problemas de caída, tanto hombres como mujeres, y son más propensas a que les ocurra. Si es tu caso, por ejemplo si uno de tus progenitores tiene calvicie, no dudes en consultar a tu médico o dermatólogo, que podrá aconsejarte. Ten en cuenta que no existe un tratamiento eficaz al 100 % y que cada persona responde de forma distinta: algunas verán una mejora clara y otras, no.

En cualquier caso, no dudes en consultar a un especialista si el estado de tu cabello te preocupa, tanto si tus inquietudes tienen fundamento como si no: unos buenos consejos y algunas pruebas, si se consideran necesarias, solo pueden ayudarte.

Algunos alimentos que conviene priorizar para la salud del cabello:

  • Frutas y verduras cargadas de vitaminas.
  • Levadura de cerveza, rica en vitaminas del grupo B, hierro, magnesio y zinc, conocida por su acción beneficiosa sobre la piel y el cabello: puedes tomarla en cápsulas o espolvorearla sobre tus platos.
  • Huevos, pescado, marisco y carne (con moderación y no demasiado grasa) por su aporte de hierro y aminoácidos.
  • Cereales integrales y legumbres, empezando por las lentejas, por su aporte de zinc, entre otros.

Un gesto que no cuesta nada: masajear suavemente el cuero cabelludo. Con las yemas de los dedos, sin frotar fuerte, unos minutos por la noche o mientras te lavas el pelo. No hace que el pelo crezca por sí solo, pero relaja el cuero cabelludo y te obliga a manipularlo con cuidado. Evita además los peinados demasiado tirantes, que con el tiempo tiran de la raíz.

Presupuesto

El presupuesto depende sobre todo del punto de partida. La consulta de atención primaria es la vía más accesible: en la sanidad pública no supone un pago directo si tienes tarjeta sanitaria, y en la privada ronda los 30 € o algo más según el centro. Las analíticas que prescribe el médico de familia están cubiertas por el Sistema Nacional de Salud. En cuanto a los cuidados, un champú suave de calidad cuesta entre 8 y 20 €; un aceite nutritivo, entre 10 y 30 € según la marca y el formato; y un complemento alimenticio ronda los 15 a 30 € al mes. Los precios varían según la composición, el formato y el canal de venta: farmacia, parafarmacia, perfumerías o tiendas especializadas.

Fuentes

  • Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), recursos sobre alopecia.
  • Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), información sobre complementos alimenticios y medicamentos.
  • AESAN, recomendaciones sobre alimentación equilibrada.

Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable.