Conoces el aceite de oliva, el de nueces, el de sésamo. El aceite de café, en cambio, puede que nunca te lo hayas cruzado. Desde hace unos años, sin embargo, se está haciendo un hueco en las estanterías de las tiendas gourmet, entre los vinagres de frutas y los aceites de oliva de origen. Botella bonita, promesa intrigante y un precio que sube deprisa: antes de dejarte tentar, merece la pena mirar de cerca qué hay dentro.

Botella de aceite de café sobre un paño de lino, con algunos granos tostados al lado
Una botella con una promesa intrigante, entre vinagres y aceites de oliva

¿Qué es exactamente?

El aceite de café se extrae de los granos, generalmente después del tueste, por presión. Algunas referencias son puras; otras se presentan como una mezcla de aceite de oliva virgen extra y aceite de café, una fórmula que hace el producto más accesible y más fácil de usar a diario. De color, tira a dorado con reflejos verdes. En nariz, domina el aroma de café recién molido, con notas de frutos secos, avellana y especias. En boca, la textura es redonda y el final largo, ligeramente amargo, parecido al de un expreso cargado.

Interior de una tienda gourmet, estanterías de madera con botellas de aceites y vinagres sin etiqueta
En las tiendas gourmet, el aceite de café se cuela entre los clásicos de confianza

Lo que sabemos y lo que aún no sabemos

Lo que sabemos: es una grasa y, como todas las grasas, aporta unas 9 kilocalorías por gramo. También proporciona ácidos grasos insaturados y tocoferoles, es decir, vitamina E. Además, contiene diterpenos, entre ellos cafestol y kahweol.

Este último punto merece detenerse. El cafestol, presente en la fracción lipídica del café, se asocia con un aumento del colesterol LDL en parte de los consumidores. Es una de las razones por las que un café filtrado no tiene el mismo efecto sobre el perfil lipídico que un café sin filtrar. Y un LDL elevado es un factor de riesgo cardiovascular: no es un detalle que se pueda pasar por alto. No puede descartarse un contenido notable de cafestol y kahweol, sobre todo en un aceite de café puro; si tienes el colesterol alto o factores de riesgo cardiovascular, habla con un profesional sanitario antes de consumirlo de forma habitual, en lugar de fiarte de un artículo.

Lo que aún no sabemos: los estudios sobre el cafestol se refieren a cafés, no a los aceites de café que se venden en tiendas gourmet. Las concentraciones varían según la variedad, el tueste y el método de extracción, y los análisis precisos de los productos rara vez son accesibles. Los datos actuales apuntan a un uso ocasional, en pequeña cantidad, más que a un consumo diario en dosis altas.

Mujer joven mestiza recorriendo las secciones de una tienda gourmet con un cesto de mimbre
Entre pasillo y pasillo, la curiosidad hace el resto

En la práctica, se usa como aceite de acabado

Empieza con un chorrito, añadido fuera del fuego, para no dañar los aromas. Algunos maridajes sencillos que funcionan bien: una dorada o un salmón en papillote, una ensalada de endivias con nueces, un aguacate con yogur y un poco de sal, una ensalada de patatas, una compota de manzana, un bizcocho o una crema de chocolate.

Mujer joven vertiendo un chorrito de aceite de café sobre una ensalada de endivias con nueces
Fuera del fuego, un chorrito basta para despertar el plato

Las recomendaciones de AESAN aconsejan limitar las grasas añadidas y variar las fuentes. Este aceite tiene sentido como acabado, no como base de cocción: no sirve para sellar ni para sustituir tu aceite de cada día.

Pautas de uso — Una cucharada sopera pesa unos 10 a 15 g: cuéntala en tu plato. Guarda la botella protegida de la luz y del calor, preferiblemente de vidrio tintado, y consúmela en los meses siguientes a su apertura. Un aceite rico en aromas se oxida al contacto con el aire, y el perfume de café se desvanece mucho antes de que se vacíe el frasco.

Precio

En tiendas gourmet, calcula entre 12 y 30 € por 250 ml de aceite puro, y más bien entre 10 y 20 € por una mezcla con aceite de oliva. La horquilla depende de varios factores: el origen de los granos, el método de extracción, la posible certificación ecológica y la cantidad de café necesaria —hacen falta muchos granos para obtener poco aceite, lo que explica en parte los precios.

¿Dónde encontrarlo? En tostadores de café, tiendas gourmet, tiendas de alimentación ecológica y webs de productores; más raramente en grandes supermercados, donde la oferta sigue siendo minoritaria. Si solo encuentras una versión convencional, comprueba al menos dos criterios simples: el origen de los granos y el envase de vidrio, reciclable y protector. Un frasco opaco o tintado es una buena señal para la conservación, aunque no diga nada de la calidad del café utilizado.

Queda una cuestión de sentido común: a ese precio, mejor comprar una botella pequeña y acabarla que dejar un formato grande criando polvo en el fondo del armario.

Fuentes

  • AESAN. Recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles. Guía para profesionales de la salud, 2022.
  • Urgert R. y Katan M. B., «The cholesterol-raising factor from coffee beans», Annual Review of Nutrition, 1997.
  • Ministerio de Sanidad, Estrategia NAOS para una alimentación saludable y la prevención de la obesidad.