La nuez

Es fuente de ácidos grasos esenciales y de omega 3. Aporta también vitamina E y, sobre todo, vitaminas del grupo B, imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Por último, contiene cobre y zinc. El único pero: algunas personas refieren la aparición de aftas, sin que se haya establecido ninguna relación.

La avellana

Es un fruto seco rico en grasas insaturadas. Aporta además vitamina E, un antioxidante, y vitaminas del grupo B. En su composición hay cobre, hierro, magnesio y fósforo.

El anacardo

Es la semilla del anacardo, un árbol tropical cuyo fruto es la manzana de anacardo. El árbol se cultiva en Sudamérica, África y Asia. El anacardo es fuente de potasio, fósforo, zinc, vitaminas del grupo B y vitamina E.

La almendra

Es una fuente de calcio vegetal entre otras. Aporta también proteínas vegetales, que conviene integrar en una alimentación variada. Se le atribuye mejorar las capacidades intelectuales y la fertilidad; digámoslo claro: nada lo confirma, y es mejor considerarla un buen tentempié que un remedio.

La castaña

Aporta potasio, y no es raro verla entre los deportistas, donde interesan sus hidratos de carbono complejos para recuperar las reservas de energía después del esfuerzo. Contiene también manganeso, que interviene en la lucha contra los radicales libres, y cobre. Con todo, atención: la castaña es un alimento farináceo, no un fruto seco oleaginoso, y la confusión es frecuente.

El albaricoque seco

El albaricoque seco es fuente de betacaroteno, precursor de la vitamina A, que contribuye al mantenimiento de una visión normal; aporta además antioxidantes. Es rico en potasio y suma hierro e hidratos de carbono, lo que lo convierte en un tentempié práctico después de una actividad física intensa. También se usa de forma tradicional en casos de anemia y asma; de nuevo hablamos de un uso tradicional, que los datos actuales no permiten presentar como un tratamiento.

Los frutos secos siguen siendo una fuente de energía práctica: son concentrados de nutrientes, útiles para mantener el ritmo a lo largo de todo el año. A menudo están ausentes de nuestra alimentación por su elevado aporte calórico, pero pueden ayudarte a cubrir ciertos déficits de vitaminas y de otros elementos como el fósforo y el potasio. En cuanto a vitalidad, también aportan antioxidantes.

Un último punto que tiene su importancia según lo que busques: hablamos aquí de frutos secos y de frutas desecadas, dos pasillos bien distintos. Los primeros son ricos de forma natural en grasas saludables; las segundas concentran sobre todo azúcar, y mezclar ambos en una misma bolsa desdibuja a menudo las referencias. Para comprar bien, ve a la sección a granel o a las bolsas sin procesar: sin sal añadida, sin recubrimiento, sin aceite añadido. Así eliges la cantidad exacta, algo que agradecen tanto el bolsillo como el desperdicio alimentario. Una advertencia, de todos modos: en las personas alérgicas a los frutos secos, las nueces, las avellanas, las almendras y los anacardos figuran entre los alérgenos de declaración obligatoria en el etiquetado. En la práctica, si vas a picar frutos secos a diario, conviene consultarlo con un profesional sanitario o un dietista-nutricionista antes de convertirlo en costumbre.

Presupuesto

Calcula entre 2 y 4 € los 100 g de frutos secos crudos a granel, frente a 4-8 € por bolsas ya listas para consumir, que suelen salir más caras por kilo. Las frutas desecadas (albaricoques, dátiles, higos) son en general más asequibles, en torno a 2-5 € los 250 g según el origen. El precio sube rápido en cuanto hay recubrimiento, aroma o envasado individual.