Hay viajes que no se parecen a ningún otro. El trekking —del neerlandés trekken, «caminar»— se vive paso a paso, a veces durante horas, con una mochila a la espalda y una noche en casa de una familia local o bajo la tienda de campaña. La agencia Atalante, con oficinas en París, Lyon y Bruselas, lo ha convertido en su especialidad y redactó su Carta Ética del Viajero® ya en 1997. De Marruecos a Nepal, de Jordania al Kilimanjaro, antes de cada salida se repite la misma pregunta, y tiene que ver con tu cuerpo.

Caminar es prevención, aunque no se llame así

Lo que sabemos: la Organización Mundial de la Salud sitúa la actividad física moderada de los adultos entre 150 y 300 minutos semanales. Caminar por terreno irregular entra en esa cuenta. Mantiene el corazón, la musculatura de las piernas y el equilibrio, tres recursos valiosos cuando el sendero sube durante seis horas.

Lo que todavía no sabemos: nadie puede predecir cómo reaccionará tu organismo a 4.000 metros. Una buena forma física reduce algunos factores de riesgo, pero no los elimina.

En la práctica, quédate con una idea: un trekking se gana en la preparación, no en la improvisación.

Caminante solitario cruzando las dunas de un desierto, de espaldas
Caminar, una prevención que no siempre dice su nombre

Altitud, calor y desnivel, tres exigencias que se suman

El desnivel, para empezar. Subir 800 metros con 10 kilos a la espalda castiga tendones y articulaciones mucho más que una salida por terreno llano.

La altitud, después. Por encima de los 2.500 metros, el mal agudo de montaña puede afectar a cualquiera, también a un caminante con experiencia. Dolor de cabeza, náuseas, sueño interrumpido: las recomendaciones internacionales de medicina de montaña son tajantes — si los síntomas empeoran, se baja. No por comodidad, sino por seguridad.

El calor, por último, y la hidratación que impone. En zona desértica se pueden perder varios litros al día sin darse cuenta.

Caravana de dromedarios y guía local cruzando una llanura desértica
Con el calor del desierto, beber antes de tener sed se vuelve un reflejo

Seis semanas antes de salir

No hace falta un entrenamiento de competición. Lo que importa es la regularidad:

  • tres caminatas por semana, de 45 minutos a dos horas;
  • desnivel trabajado: escaleras, cuestas y, más adelante, mochila cargada de forma progresiva;
  • botas estrenadas varias semanas antes, nunca la víspera del vuelo.

Añade además una cita a la agenda: la consulta de medicina del viajero, idealmente entre cuatro y seis semanas antes de la salida. Vacunas, prevención del paludismo según la zona, carné al día: es seguimiento, no papeleo. Conviene también leer las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores para tu destino.

Un trekking siempre tiene su parte de incertidumbre: fatiga, un esguince, problemas de sueño en altitud. Anticípalo con tu médico o con un médico del deporte, sobre todo si tienes antecedentes cardíacos, respiratorios o articulares. En el terreno, nadie va a poner un diagnóstico en tu lugar.

Pequeño grupo de excursionistas avanzando en fila por un sendero de cresta
Tres caminatas por semana y desnivel: el cuerpo acaba cogiendo el ritmo

Qué cambia viajar con Atalante

Salir con Atalante es apoyarse en guías locales, itinerarios previstos con ascenso progresivo y grupos de tamaño limitado. La carta de 1997 regula la relación con las poblaciones que se visitan y la fragilidad de los ecosistemas; en algunos países, una parte del precio puede contribuir a proyectos de agua o de educación. En materia de salud, el acompañamiento marca la diferencia: un guía con experiencia sabe ver el momento en que alguien debe bajar.

Guía de montaña acompañando a un grupo reducido de excursionistas
Cuando la montaña impone sus reglas, contar con un guía local con experiencia es decisivo

Presupuesto

Órdenes de magnitud para un trekking guiado, con el vuelo aparte según la fórmula:

  • Marruecos (Toubkal, desierto): unos 700 a 1.400 € por semana;
  • Jordania: unos 1.200 a 2.000 €;
  • Nepal: unos 1.500 a 3.000 €;
  • Kilimanjaro: unos 2.500 a 4.500 €.

Las cifras varían según la duración, el tamaño del grupo, el tipo de alojamiento y el transporte aéreo. Para el material, calcula entre 250 y 500 € en botas, mochila, bastones y capas técnicas: un gasto que se amortiza a lo largo de varias temporadas y que conviene plantear como una inversión duradera más que como una compra puntual. La mejor opción sigue siendo lo que se puede reparar: botas que admiten resolado, textiles con certificación Bluesign (producción textil de menor impacto) y plumón con trazabilidad RDS (pluma procedente de cadenas controladas). La segunda mano —plataformas de reventa, tiendas de segunda vida, programas de recogida de las propias marcas— suele ser la elección más sobria. Si compras nuevo en una gran superficie deportiva, revisa la composición y la garantía: es el compromiso que asumes con conocimiento de causa.

Fuentes

  • Organización Mundial de la Salud — recomendaciones sobre actividad física para adultos (who.int)
  • Ministerio de Sanidad — recomendaciones sobre actividad física y reducción del sedentarismo (sanidad.gob.es)
  • Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación — recomendaciones de viaje (exteriores.gob.es)
  • Wilderness Medical Society — recomendaciones sobre el mal agudo de montaña
  • Atalante — Carta Ética del Viajero® y presentación de sus viajes (atalante.fr)
  • Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (fedme.es)