El sauna

Calor, relax, limpieza en profundidad: el sauna tiene numerosos beneficios y, ante todo, busca que te sientas bien. Es un ritual de belleza y también de bienestar, y lo ideal es practicarlo respetando algunas pautas para aprovechar sus efectos al máximo.

El sauna ofrece un calor seco, denso y ascendente; el hammam, en cambio, envuelve con un vapor suave y templado. Según lo que vengas a buscar —músculos que se suelten, un paréntesis de calma, una piel libre de células muertas—, uno encajará mejor que el otro. Queda por saber cómo hacerlo y en qué condiciones.

Mujer joven asiática sentada sobre una toalla en un sauna de madera, postura relajada

Para empezar, conviene tener presentes algunas contraindicaciones. Como el sauna es una fuente de calor, está desaconsejado en personas con trastornos circulatorios, cuperosis o enfermedades de la piel que puedan agravarse con el calor. En caso de duda, consulta con tu médico o tu dermatólogo.

Del mismo modo, si notas que se acerca un resfriado, una faringitis o una gripe, mejor no entrar: no le sacarás nada bueno. También conviene evitar el sauna en caso de hipertensión o, al contrario, de tensión demasiado baja, de problemas de corazón o de epilepsia, y el criterio médico resulta imprescindible durante el embarazo. Por último, por razones evidentes de higiene, hay que abstenerse si se padece alguna enfermedad infecciosa: el sauna es un espacio de proximidad y sus normas de higiene deben respetarse al pie de la letra.

Originario de los países del norte, el sauna consiste en una cabina de madera de tamaño variable cuya temperatura seca debe alcanzar, en principio, los 80 °C, nada menos. La humedad se mantiene baja. A veces se vierte un cazo de agua sobre las piedras calientes para crear una nube de vapor, pero el ambiente sigue siendo seco. El resultado: sudarás mucho y los primeros minutos pueden dar la impresión de que te falta el aire.

Mujer joven negra sentada en una cabina de sauna de madera, toalla beige, luz dorada y seca

No hace falta disponer de horas para regalarse una sesión bien calentita: basta con elegir un momento propicio para la relajación, un rato solo para ti. Conviene evitar el sauna justo después de comer —lo ideal es tener el estómago ligero— y posponerlo si la noche anterior has bebido de más.

Conviene saber que los saunas pueden ser mixtos o no según el establecimiento: piscinas municipales, gimnasios, centros de talasoterapia, spas urbanos. Basta con llamar por teléfono o preguntar en recepción. En tu bolsa, lleva dos toallas: una para sentarte y otra para secarte. Y una botella de agua.

Cúpula de un hammam con aberturas estrelladas, vapor atravesado por la luz
Bajo la cúpula, la luz se filtra y el vapor sube despacio

Antes de entrar en la cabina, se recomienda darse una ducha caliente: por un lado, por higiene, pero también para elevar ligeramente la temperatura corporal y preparar el cuerpo para lo que le espera. Lleva una toalla pequeña sobre la que sentarte —la madera caliente puede resultar incómoda— y, de nuevo, por razones de higiene. En principio, el sauna debe tener dos o tres filas de bancos cuya altura varía y, con ella, la temperatura: los peldaños más bajos están en un ambiente menos caliente que los que quedan por encima. Conviene saberlo cuando se prueba por primera vez.

Puedes sentarte o tumbarte, como prefieras, pero lo ideal es tener los pies a la altura del cuerpo: recógelos sobre el banco y respira despacio. El sauna debe ser un lugar tranquilo y propicio para la relajación; así que, si vas acompañada, habla en voz baja —o mejor, no hables, para estar del todo presente en un momento tan particular—. Al cabo de unos minutos, el calor hace su trabajo, el cuerpo se destensa y empieza a sudar: te sientes en otro lugar, transportada.

Si es tu primera sesión, mejor ir poco a poco y, sobre todo, no forzar. Si el calor se vuelve desagradable, sal. En general, si es tu primera vez, no permanezcas más de un cuarto de hora en la primera tanda.

Al salir, dúchate con agua fresca, pero no fría, para enfriar el cuerpo y limpiar la piel. Después, descansa: normalmente hay bancos o tumbonas donde acomodarse entre una tanda y otra. Cuando te hayas recuperado y te sientas con fuerzas, vuelve a instalarte en el calor del sauna otros quince minutos.

Luego, tú decides: dos, tres tandas o más, según cómo te encuentres. No todas resistimos el calor igual y no tiene sentido forzarse si ya no te apetece.

Una única regla para después de la última tanda en el sauna: ducha fría. Fría, ni tibia ni fresca: fría. Ayuda a que el cuerpo recupere su temperatura inicial, a que los vasos sanguíneos dilatados por el calor se «contraigan» y, en resumen, a que el cuerpo recupere el tono mientras se limpia.

Si el agua fría te echa para atrás, una ducha fresca cumple perfectamente. Lo esencial es no salir sudando a la corriente de aire, sobre todo en invierno. Sécate bien, abrígate y deja que tu cuerpo vuelva a bajar de temperatura con calma.

Coupole étoilée d'un hammam, rais de lumière et vapeur au-dessus du marbre

Cuando sales de allí, te sientes ligera y relajada, limpia por dentro y llena de energía: una sensación estupenda.

¿Lo sabías? Además del relax, el sauna tiene numerosos beneficios para el cuerpo. La sudoración, para empezar, elimina agua y parte de los minerales: se puede sudar mucho y perder una cantidad variable de líquido; acuérdate de rehidratarte.

Algunas personas refieren alivio de tensiones o agujetas después de una sesión; en el caso de los dolores de artrosis, los datos son limitados y sigue siendo necesario el criterio de un profesional sanitario. Por último, hay quien encuentra en el sauna un momento de relax en invierno; eso no sustituye a las medidas de prevención de infecciones.

El buen ritmo: una vez por semana, preferiblemente al final del día.

¿Y el sueño? Muchas personas dicen dormir mejor después de una sesión. Los datos siguen siendo limitados, pero la relajación que se siente es muy real.

Mujer joven mestiza envuelta en una toalla descansando en la zona de relax de un spa
Le Hammam de Sarkis Diranian

El hammam

A diferencia del sauna, en el hammam reina un calor húmedo. Vapor, luz suave y mosaicos orientales te transportan a otro lugar, mientras que el calor mojado, casi palpable, se encarga de calmar cuerpo y mente.

En principio, un hammam consta de tres salas: la más fresca está pensada para el descanso y la relajación; la segunda, más templada que caliente, se mueve entre los 30 y los 38 °C; y la tercera, inundada de vapor, es la más caliente y puede alcanzar los 45 °C, además de estar saturada de humedad.

Recorre las tres salas a tu ritmo, para entrar en el calor de forma progresiva y dejar que el cuerpo se acostumbre y se relaje. Después puedes ir y venir entre la sala más caliente y la templada, según te apetezca.

Para aprovechar bien una sesión de hammam, calcula unas tres horas: sería una lástima ir con el tiempo justo y agobiada cuando todo, en ese entorno, invita a la calma. Además, el hammam se presta especialmente al ritual de belleza oriental, ya sea aplicado por el personal del establecimiento o por ti misma. Tómate tu tiempo para la exfoliación, un cuidado esencial y hasta complementario del hammam: el vapor caliente favorece que se desprendan las células muertas, y es importante rematar su acción eliminándolas.

Jabón negro para limpiar y desengrasar la piel y, después, guante de exfoliación, una vez que hayas disfrutado a fondo de la sala más caliente. Al frotar con suavidad, ves cómo se eliminan las células muertas y tu piel te parece más suave que nunca.

Otro placer es el masaje: en manos expertas, es el broche final a estos ratos de relax. Las preocupaciones se esfuman, las tensiones se disipan y la piel queda alisada, con más cuerpo.

Conviene saber que el hammam suele ser no mixto, con horarios o espacios reservados, aunque algunos establecimientos ofrecen sesiones mixtas; infórmate antes. Las toallas y, a veces, las sandalias las facilita el establecimiento, pero no siempre: pregúntalo antes. Del mismo modo, elige bien el horario: aunque es inevitable estar rodeada de otras mujeres que también vienen a disfrutar de sus beneficios, resulta bastante menos agradable coincidir con las salas llenas de gente. Opta por horas de menor afluencia, sobre todo si es tu primera vez.

Por último, igual que el sauna, el hammam está contraindicado en casos más o menos similares: trastornos de la circulación, enfermedades infecciosas, problemas cardiacos, problemas de tensión. En caso de duda, no dudes en consultar a tu médico.

Con frecuencia se confunden estos dos ritos milenarios. Sauna y hammam comparten sin duda el calor y sus beneficios para cuerpo y mente, pero son bien distintos y cada uno tiene su propio ritual. Vapor caliente y grandes salas alicatadas para uno; calor seco y suavidad de la madera para el otro. El hammam sería de origen grecorromano, mientras que el sauna nos llega de Finlandia, donde es toda una institución. Amar uno no implica necesariamente disfrutar del otro, pero hay algo seguro: de ambos se sale con una sensación de calma, ligereza y sin tensiones. Así que, si te sientes tensa, cansada o vacía y necesitas un rato solo para ti, para olvidarte de la rutina mientras te cuidas, tienes dos opciones: hammam o sauna. Tú decides.

En la práctica, recuerda esto: ten agua a mano y bebe a pequeños sorbos antes, durante y después de la sesión. La sudoración hace perder agua y sales minerales; es una de las causas frecuentes de mareo en la cabina o en la sala caliente, de ahí la importancia de hidratarse. No te quedes sola si notas que te estás mareando: sal y siéntate.

Presupuesto

De manera orientativa, en España el acceso sencillo a un sauna o a un hammam en un spa urbano suele costar entre 15 y 30 €, y un ritual completo con exfoliación y masaje sube bastante más (entre 45 y 80 €). En piscinas municipales o gimnasios, el acceso suele estar incluido en la cuota o cobrarse unos pocos euros. Las tarifas varían según la ciudad, el horario (horas punta o valles) y la prestación elegida.

Fuentes

  • Laukkanen T., Khan H., Zaccardi F., Laukkanen J. A., «Association between sauna bathing and fatal cardiovascular and all-cause mortality events», JAMA Internal Medicine, 2015.
  • Zaccardi F., Laukkanen T., Willeit P., Kunutsor S., Kauhanen J., Laukkanen J. A., «Sauna bathing and incident hypertension: a prospective cohort study», American Journal of Hypertension, 2017.
  • Organización Mundial de la Salud, consejos sobre la gestión de la exposición al calor intenso y la hidratación.

Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable.