Cuando se pronuncia la expresión «donación de médula ósea», suele aparecer una imagen: la de una operación compleja, una aguja clavada en la columna, un gesto que da miedo. Y, sin embargo, en la práctica es un proceso mucho más regulado y casi rutinario de lo que se suele pensar. Entonces, ¿cómo funciona en realidad?

La médula ósea, ese tejido que se confunde con otro

Aclaremos primero un malentendido persistente, porque explica buena parte de los miedos: la médula ósea no tiene nada que ver con la médula espinal, esa larga estructura nerviosa que recorre la columna vertebral. La médula ósea es un tejido blando que se aloja en el interior de algunos huesos. Es ahí donde nacen las células madre hematopoyéticas, de las que derivan todas las células de la sangre: los glóbulos rojos que transportan el oxígeno, los glóbulos blancos que nos defienden de las infecciones y las plaquetas que detienen las hemorragias. Es decir, una fábrica discreta que trabaja día y noche sin que reparemos en ella.

Estas células madre también están presentes en la sangre del cordón umbilical, que se recoge en el momento del nacimiento. Es un recurso valioso, pero que no cubre todas las necesidades, ni de lejos. De ahí la importancia de un registro de donantes adultos lo más amplio posible.

Réplica en resina de un hueso cortado que muestra su cavidad central, sobre lino claro
En el corazón del hueso, un tejido vivo que fabrica las células de la sangre

Cuando esta fábrica se detiene

En algunas personas, esta fábrica interna se desajusta o se detiene. Entre las causas posibles: leucemias agudas o crónicas, ciertos linfomas, una aplasia medular —el cese del funcionamiento de la médula—, un déficit inmunitario grave en el lactante o una anomalía hereditaria en la producción de glóbulos rojos.

Cuando los tratamientos convencionales ya no bastan, puede plantearse un trasplante. ¿Con qué objetivo? Reconstruir un sistema inmunitario capaz de funcionar de nuevo. Los datos actuales sugieren que el pronóstico depende en gran medida del momento del trasplante y de la compatibilidad entre donante y receptor, una compatibilidad que se basa sobre todo en marcadores genéticos, de ahí la necesidad de un registro muy diversificado.

Tubos de análisis anónimos alineados en un soporte metálico, con luz natural suave
Cada nuevo donante amplía las posibilidades de encontrar un perfil compatible

Cómo se desarrolla una donación, paso a paso

Primer paso: inscribirse en el registro nacional. En España, esta labor la coordinan el Registro Español de Donantes de Médula Ósea (REDMO), gestionado por la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia, y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Hoy conviven dos técnicas. La extracción por vía sanguínea, o aféresis, tras unos días de inyecciones que hacen circular las células madre por la sangre: es el método más frecuente. Y la extracción directa en los huesos de la pelvis, bajo anestesia general, que todavía se utiliza en algunos casos.

El volumen que se extrae lo determina el equipo médico, en función sobre todo del receptor. Una buena noticia: la médula, al ser un tejido vivo, se regenera en unas semanas.

Mujer joven en el mostrador de recepción de un centro de donación, con una carpeta en la mano
Inscribirse en el registro suele ser el primer paso de todo el proceso

Los riesgos, sin adornos

Todo empieza con una valoración: exploraciones clínicas, análisis biológicos y preguntas sobre tu salud y tu estilo de vida. No es un interrogatorio, sino una verdadera evaluación de la relación entre beneficio y riesgo. Un paso imprescindible, que protege tanto al donante como al receptor.

¿Duele? Los principales factores de riesgo tienen que ver con la anestesia o con el propio procedimiento. Las complicaciones infecciosas o traumáticas en los puntos de punción siguen siendo excepcionales, pero no son nulas. Por eso se organiza un seguimiento antes y después de la extracción.

En el lado del receptor, el trasplante se prepara con un acondicionamiento —quimioterapia o radioterapia— que destruye la médula enferma. Durante esa ventana, la persona deja de producir células sanguíneas vitales y se vuelve muy vulnerable. Por eso el trasplante debe realizarse con rapidez.

En España, la inscripción en el registro se realiza entre los 18 y los 40 años, sin coste alguno. Todos los gastos relacionados con la extracción corren a cargo del centro sanitario. Una donación nunca se paga.

En la práctica, cómo dar el paso

Acude al centro de donación más cercano a tu domicilio o consulta la web de la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia y de la Organización Nacional de Trasplantes. Puedes inscribirte o, simplemente, plantear tus dudas antes de decidir: nada te obliga a donar ese mismo día.

Las necesidades siguen siendo importantes, sobre todo para determinados orígenes genéticos poco representados en el registro. Para cualquier duda sobre tu salud, habla con un profesional.

Fuentes