Nos lo repiten y, a estas alturas, ya lo sabemos: un tatuaje conlleva riesgo de infección, así que hay que hacérselo en condiciones de higiene impecables y vigilarlo de cerca mientras cicatriza.

Brota en la piel y se instala en huecos, rincones y curvas del cuerpo para dar carácter e iluminar la nuca, la zona lumbar, el tobillo… El tatuaje es ya todo un clásico. Ha conquistado a hombres y mujeres, se luce sin tabúes, le sienta bien a todos los estilos y a todas las pieles, y da igual si es para toda la vida o si la idea de someterse al trámite asusta. Eso sí, no olvidemos que un tatuaje no tiene nada de banal: como toda intervención que recurre a una aguja o a un instrumento en contacto con nuestra sangre y nuestra piel, exige unas cuantas precauciones.
En el estudio
Para empezar, haz caso a tu intuición. ¿Empujas la puerta y el sitio te parece sospechoso, desordenado, poco limpio? Vete, sin más. Huelga decir que un tatuaje no se hace en la calle ni en un lugar que no esté pensado para este tipo de intervención.

De igual modo, asegúrate de que se cumplen unas normas de higiene básicas: la zona donde trabaja —y tatúa— el tatuador debe estar separada de la sala de espera y de la tienda, para evitar cualquier contaminación procedente del exterior.
El material no desechable debe haber pasado por el esterilizador antes de usarse, y tienes todo el derecho a preguntarlo. En cuanto a las agujas, las gasas y los guantes, son de un solo uso y estériles, como mínimo.

Has de saber también que puedes pedir que la aguja con la que te van a tatuar salga de su envase estéril delante de ti: ningún profesional serio se lo tomará a mal, así que no dudes si eso te tranquiliza. Antes de empezar, el tatuador debe lavarse las manos y los antebrazos con esmero y trabajar con guantes quirúrgicos, que irá renovando a lo largo de la sesión.

¿Te has decidido y ya tienes el tatuaje de tus sueños? Normalmente el tatuador te fija una visita de control unos días después de la intervención, para comprobar que todo cicatriza bien. Pregúntale si esa visita es gratuita o se cobra, porque varía de un estudio a otro.
El reflejo que conviene tener presente: pide ver la aguja saliendo de su envase estéril delante de ti y no te olvides de la revisión unos días después. Si durante la cicatrización la zona se pone muy roja, caliente o dolorosa, mejor habla cuanto antes con un profesional sanitario.
En casa
La cicatrización de tu tatuaje suele durar varias semanas; durante ese tiempo tendrás que cuidarlo con especial atención.

Ni sol, ni arena, ni ningún otro elemento que pueda irritar, sensibilizar o retrasar la cicatrización. Evita también la ropa demasiado ajustada, que podría rozar el tatuaje. Si la costra se desprende antes de tiempo, los pigmentos —es decir, el color— pueden irse con ella, lo que obligaría a un retoque posterior. Por eso lo más seguro es seguir las indicaciones de tu tatuador para proteger la zona y, en caso de duda, pedir consejo a un profesional sanitario.
Algunos tatuadores recomiendan una pomada para la cicatrización; en ese caso, lo aconsejable es aplicarla bajo la gasa. Por último, limpia la zona con suavidad siguiendo las indicaciones de tu tatuador, con un producto suave, y pide consejo antes de usar un antiséptico de forma repetida.
Cuando el tatuaje esté parcialmente cicatrizado, déjalo al aire.
Info: borrar un tatuaje con láser
Un tatuaje es para toda la vida, aunque cada vez es menos cierto: el láser a veces da buenos resultados. El único pero: su eficacia varía según el motivo, los colores y el tipo de piel. No todos somos iguales ante el láser.

El borrado con láser se practica normalmente en la consulta de un dermatólogo, y el principio es sencillo: el láser deteriora los pigmentos, que el cuerpo elimina después. Has de saber, sin embargo, que una sola sesión no basta para borrar un tatuaje y que a veces, cuando el dibujo es profundo, quedan marcas o restos difíciles de eliminar, incluso después de varias sesiones.
En un tatuaje hecho por un profesional, es decir, de buena calidad y más bien profundo, suele hacer falta un buen número de sesiones. Bastante dolorosa y cara, esta técnica tiene verdaderos inconvenientes, como habrás visto. ¿Te apetece un tatuaje? Piénsatelo dos veces.

Presupuesto
En cuanto al precio, un tatuaje se cobra normalmente por tiempo o por pieza. Cuenta con unos 60 a 100 € por un motivo pequeño hecho en una sesión corta, 150 a 350 € por una pieza mediana y varios cientos de euros —a veces bastante más— por un proyecto grande que cubra toda una espalda o un muslo entero. El precio sube con la fama del tatuador, la ciudad, la finura del dibujo y el número de colores.
Para el borrado con láser, calcula del orden de 100 a 400 € por sesión, según el tamaño y la ubicación del motivo. Como suelen hacer falta varias pasadas, la factura sube rápido: pide siempre un presupuesto tras el examen, en la consulta de un dermatólogo.
Fuentes
- Ministerio de Sanidad (sanidad.gob.es): información sobre tatuajes y piercings, riesgos y precauciones.
- OCU (Organización de Consumidores y Usuarios): consejos y advertencias sobre tatuajes, estudios de tatuaje e higiene.





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