Seguro que tienes una amiga que sale de su clase de Pilates con la espalda más recta y cara de estar descansada. ¿Y si fuera justo la disciplina que te falta, a ti que no te gustan los gimnasios ruidosos ni los entrenamientos a gritos? Buena noticia: el método está a punto de cumplir cien años y nunca se ha hablado tanto de él. Vamos a ver qué ofrece de verdad y cómo empezar sin dejarte el sueldo en el intento.
¿De dónde viene el método?
Todo empieza con Joseph Pilates, un alemán afincado en Estados Unidos que desarrolla sus ejercicios en los años veinte. Su idea de base: el cuerpo funciona mejor cuando se trabaja primero el centro, antes de ocuparse de brazos y piernas. Dejó detrás un repertorio de ejercicios que combinan movimiento y respiración, de los más sencillos a los más acrobáticos.
El vocabulario ha envejecido, pero el principio no se ha movido un ápice. Se despiertan los músculos discretos —abdominales profundos, glúteos, músculos de la espalda— y se relajan los que trabajan de más, con la nuca y los hombros a la cabeza. El resultado: una musculatura mejor repartida y una silueta más estilizada, aunque, como en cualquier práctica nueva, las agujetas siguen siendo posibles.

¿En el suelo o con máquinas?
Conviven dos familias. El Pilates «mat» se practica en el suelo, sobre una esterilla, con una goma elástica, una pelota pequeña o un aro. Es la versión más accesible, la de las clases colectivas y los vídeos que encadenas en el salón.

La otra familia se apoya en máquinas con muelles —Reformer, Cadillac, silla Wunda— que acompañan el movimiento y añaden resistencia. Impresionante cuando empujas la puerta del estudio, pero el trabajo está más guiado de lo que parece.
En cuanto a tendencia, hoy son los pequeños estudios de barrio los que tiran del método, con clases de Reformer limitadas a unas pocas personas. Sin olvidar las versiones híbridas, como el wall Pilates que se practica contra la pared, y las aplicaciones que te sacan del apuro cuando quieres probar en casa. Aun así, nada sustituye a un profesor que corrija tu postura las primeras veces.
Antes de comprometerte con un abono, prueba una clase de prueba en grupo reducido. Pregúntale al profesor por su titulación (una certificación específica de Pilates reconocida o formación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte) y cuántas personas máximo hay por sesión: con máquinas, un grupo demasiado grande diluye las correcciones.
¿Funciona de verdad?
En cuanto a la forma general, sí. El método puede mejorar la fuerza, la flexibilidad, la coordinación y el mantenimiento postural. En el apartado de la salud, los datos más sólidos se refieren al dolor de espalda: una revisión Cochrane de 2015 concluye que el Pilates puede reducir el dolor y la incapacidad en personas con lumbalgia crónica, con un nivel de evidencia moderado a bajo.

Pero no hay milagros. En la práctica, lo que marca la diferencia es tu constancia, no un número mágico de sesiones. Y si tienes una lesión o un embarazo en curso, primero toca pasar por el médico.

Cuánto cuesta
Las diferencias entre una opción y otra son enormes.
- Clase colectiva en el suelo, en sala o estudio: unos 12 a 25 € por sesión, a menudo menos con un bono de diez.
- Abono de gimnasio multiactividad: unos 25 a 60 € al mes.
- Clases de Reformer en grupo reducido: más bien 25 a 45 € por sesión, y más en algunas ciudades grandes.
- Clase particular: de 50 a 90 € la hora.
- Esterilla: de 20 a 60 € en grandes superficies o por internet, hasta 100 € por un modelo grueso y antideslizante.
- Calcetines antideslizantes: de 8 a 20 € el par.
- Material pequeño (goma elástica, aro, pelota): de 10 a 35 € la unidad.
¿Qué hace que suba la factura? La ciudad, el tamaño del grupo, la presencia de máquinas y la categoría del profesor. El mejor truco sigue siendo la clase de prueba, a menudo gratis o a precio reducido, y los bonos de sesiones, que bajan el precio por clase.
Fuentes
- Joseph Pilates, Return to Life Through Contrology, 1945 (reeditado desde entonces).
- Yamato TP et al., «Pilates for low back pain», Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015.
- Organización Mundial de la Salud, Directrices sobre actividad física y hábitos sedentarios, 2020.





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