Para la mayoría de los bebés, la leche materna es un alimento. Para algunos, es mucho más: ciertos recién nacidos frágiles pueden beneficiarse de la leche de donante, por indicación del equipo médico. Y cuando la mamá no produce leche suficiente —puede ocurrir, especialmente tras un parto prematuro—, otras mamás toman el relevo. Un gesto discreto, casi invisible, que sin embargo puede ser vital.

Lo que sabemos hoy

Desde hace más de dos décadas, centros especializados recogen, analizan y transforman la leche que donan mujeres que están dando el pecho. Son los bancos de leche materna. En España funcionan varios bancos de leche materna. No son empresas: trabajan con las maternidades y los servicios de neonatología para alimentar a los bebés que más lo necesitan.

Técnica de un banco de leche materna revisando frascos sobre una superficie de acero inoxidable

En la práctica, no necesita ser una «superproductora» para participar. La cantidad la decide usted, y puede ser modesta. Unas decenas de mililitros recogidos con regularidad pueden contribuir a formar reservas valiosas. Las necesidades existen y son continuadas: los bancos de leche necesitan donaciones regulares, no un gesto aislado. Cada frasco recogido ayuda a mantener esa reserva.

Cómo se organiza la donación

El primer paso es contactar con el banco de leche más cercano. El equipo lo repasa con usted, comprueba que cumple los requisitos y le entrega el material necesario, como un sacaleches y unos frascos estériles. A partir de ahí, la extracción y la conservación ocurren en su casa.

Mujer joven lavándose las manos en su cocina, con el material de recogida limpio junto al fregadero

La recogida se hace durante el periodo en que usted da el pecho a su bebé. Usted se extrae la leche, la guarda en la nevera o en el congelador según las indicaciones que le den y una persona del banco pasa a recogerla en su domicilio. En principio, sin desplazamientos y sin cambiar sus rutinas.

La higiene no es un detalle menor: es lo que permite que la leche se pueda utilizar. El banco le explicará el protocolo que debe seguir, con las temperaturas y los plazos que correspondan. Son gestos precisos, sí, pero se integran en la rutina de extracción.

Una vez recogida, la leche se analiza y se trata —lo más habitual es pasteurizarla a baja temperatura— antes de congelarla y distribuirla a las maternidades y los servicios de neonatología. En principio, no se vende ni se factura a las familias.

Quién puede donar

La donación no está abierta a todo el mundo. Algunas enfermedades transmisibles por la leche, ciertos tratamientos o un contexto concreto pueden descartarla. Es el equipo del banco de leche quien valora su caso, a partir de sus respuestas y de un análisis de sangre.

Mujer joven con camisa color óxido escuchando a una matrona en una consulta luminosa

Dicho de otro modo, no existe un perfil único de donante. Lo que cuenta es la valoración del banco de leche, no una regla general encontrada en internet. Si tiene dudas, coméntelo con su matrona o con su médico.

En principio, la donación de leche se plantea como un gesto voluntario y anónimo: no se remunera y la leche no se vende a las familias. Cada banco de leche le explicará sus propias condiciones. Si no cumple los requisitos, no es un fracaso: existen otras formas de ayudar y el equipo sabrá explicárselas sin juzgarla.

Lo que cuesta, y lo que no

Donar su leche no cuesta nada: el banco suele proporcionar el sacaleches y el material estéril. Ahora bien, si está dando el pecho o extrayéndose leche para su propio bebé, el sacaleches es un gasto aparte.

Un sacaleches manual ronda los 20 € y puede llegar hasta unos 40 € según el modelo. Uno eléctrico, simple o doble, cuesta más bien entre 100 y 250 €, según la marca y el número de piezas. Otra vía es el alquiler en farmacia, aunque conviene consultar las condiciones y la posible cobertura en cada comunidad autónoma.

Los precios varían según la gama, el número de piezas y el punto de venta. Los encontrará en farmacias y parafarmacias, en grandes superficies o en internet, y la diferencia puede ser notable de un sitio a otro. Si se plantea uno de segunda mano, tenga en cuenta que las piezas en contacto con la leche se cambian: es la única forma de ir sobre seguro en cuanto a higiene.

Donar su leche es ofrecer unas decenas de mililitros que pueden pesar mucho para un bebé que ha nacido demasiado pronto. No hace falta ser perfecta ni producir grandes cantidades: es un gesto concreto, acompañado por un equipo que conoce los protocolos. Y si alguna duda le frena, lo más prudente es plantearla al banco de leche más cercano o a su matrona antes de decidir.