El flato: ¿quién no ha intentado quitárselo de encima sin éxito, con él empeñado en torturarte y en no dejarte respirar justo cuando habías salido a correr dispuesta a sumar kilómetros y kilómetros?

Mujer joven sobre una esterilla de yoga, estirándose despacio en un salón con mucha luz

No entres en pánico: el flato suele asociarse a la respiración durante el esfuerzo, pero su mecanismo exacto no está claro. Mientras te mueves, la respiración debería ser todo lo regular que sea posible y, muy a menudo, cuando el ejercicio es duro o molesto, se nos olvida respirar durante unos segundos y el flato aparece.

En ese caso, baja un poco el ritmo y céntrate en respirar: la respiración tiene que venir del abdomen para ser más profunda y debe ser regular; expira por la boca y sigue así. Si el dolor persiste, detente, sopla mientras te masajeas la zona dolorida y retoma el ejercicio suavemente cuando ya no te duela.

Las ampollas: ¡ay, las ampollas! Zapatillas nuevas, calzado poco adecuado para la actividad o para la forma de tu pie... da igual el motivo: acabas con una ampolla o flictena, que es como se llama en el lenguaje médico, es decir, una pequeña bolsa de líquido bajo la piel. Una ampolla duele y molesta bastante, así que conviene actuar rápido.

Si tienes un apósito o una tirita a mano, ponla encima mientras llegas a casa.

Conviene no pinchar una ampolla intacta: protégela y deja que se reabsorba sola. Consulta a un profesional sanitario si duele mucho, es muy extensa o aparecen signos de infección. Coloca sobre ella un apósito específico para ampollas, de venta en farmacias y parafarmacias, muy eficaz para este tipo de molestia. Y la próxima vez, no estrenes las zapatillas el día que vas a entrenar y elige calcetines adecuados para el ejercicio, transpirables, cambiándolos con frecuencia.

Las agujetas: conocidas sobre todo por quienes hacen deporte de forma ocasional, también pueden aparecer después de una sesión bastante intensa o poco preparada. El resultado: a la mañana siguiente te sientes como una abuela, con todo el cuerpo dolorido, te cuesta hasta hacer los movimientos más sencillos y juras que no te van a ver haciendo deporte en una buena temporada.

Mujer joven de pie en un salón luminoso, con la mano bajo las costillas, respirando despacio después del esfuerzo

Las agujetas no desaparecen por arte de magia con una pomada: hay que dejar que se atenúen y se vayan solas; por lo general, bastan unos días. Dicho esto, puedes aliviar las molestias con un baño bien caliente, con un masaje de tu pareja y bebiendo suficiente agua: la hidratación puede contribuir al confort y a la recuperación, sin eliminar ningún desecho del organismo. Las agujetas están relacionadas con microrroturas y con una respuesta inflamatoria.

La próxima vez, no te olvides de calentar bien y no fuerces si solo haces deporte de vez en cuando: deja que tu cuerpo se vuelva a acostumbrar a ese esfuerzo. Y en cuanto a los estiramientos suaves después del ejercicio, pueden darte una sensación de alivio, pero no previenen las agujetas.

El calambre: fulgurante, te clava en el sitio y llega sin avisar. Un calambre es en realidad una contracción involuntaria del músculo; es pasajero, pero doloroso. El músculo se endurece y se queda contraído varios minutos. Masajea a fondo la zona dolorida, estira bien el músculo, camina unos minutos. Puede aparecer durante un esfuerzo intenso o poco habitual; sus causas son multifactoriales y todavía se discuten. Afecta lo mismo a deportistas aficionados que a experimentados y dura poco tiempo.

Ahí también: dedica un buen rato a calentar antes de empezar los ejercicios y te evitarás este mal trago tan desagradable.

La tendinitis: el término habitual designa un dolor del tendón; suele verse favorecida por una solicitación repetida o por un aumento brusco de la carga, junto con otros factores posibles.

En una situación así, hay que dejar toda actividad deportiva hasta que el tendón en cuestión se recupere y evitar solicitarlo demasiado en el día a día. Coloca en la zona afectada un vendaje que ayude a mantenerla sujeta y, si la zona duele de verdad, pon encima una bolsa de hielo. Si el dolor sigue siendo muy intenso y no remite, lo más sensato es consultar en lugar de insistir. Un médico o un fisioterapeuta te ayudará a retomar la actividad de forma progresiva y te dirá qué puedes seguir haciendo. Forzar demasiado pronto puede favorecer la recaída o el aumento del dolor.

Zapatillas de running gastadas, calcetines técnicos y apósitos sobre un banco de madera, con luz de la mañana

Las náuseas: a veces, cuando el esfuerzo es intenso y superas tus límites, aparecen las náuseas, y si no bajas el ritmo, los vómitos no tardan en llegar. No dejes la actividad de golpe, porque el golpe sería todavía más brusco para el cuerpo: baja el ritmo de forma progresiva y respira hondo. Cuando te encuentres mejor, estira respirando profundamente y, la próxima vez, afloja: no maltrates tu cuerpo. El deporte no tiene por qué ir de la mano del dolor; antes que nada, debe ser un placer.

Salir a correr, hacer fitness, jugar al tenis... ningún deportista se libra, y las agujetas, las ampollas o algo peor, como una tendinitis, aparecen a veces en mitad de una zancada. Lo mejor entonces es aplicar los gestos adecuados para aliviar rápido y bien y evitar complicaciones y dolores innecesarios. Esta es la guía básica de enfermería para esas «urgencias» del tipo achaque deportivo.

Fuentes