Si el alisado sigue teniendo muchos fans, hay días en los que apetece cambiar de look sin meterse en una transformación radical. Y la mejor idea para eso son los rizos: dan movimiento, estilo y brillo al pelo, son relativamente fáciles de hacer y permiten darse un capricho sin demasiadas complicaciones. Eso sí, hay que tener maña y el aparato adecuado. La buena noticia es que hay varias formas de rizarse el pelo: con un rizador, con una plancha, con rulos o en la peluquería, según tu presupuesto, el material que ya tengas en casa y el resultado que busques. Hoy repasamos cómo rizar el pelo, con las ventajas e inconvenientes de cada técnica, y luego ya decides tú.

Con un rizador

El rizador es, en principio, muy eficaz, aunque conviene matizar que el resultado depende ante todo de la calidad del aparato y del tipo de pelo. Es normal que cueste más conseguir rizos bonitos que aguanten en pelo muy liso y fino. Aun así se puede; eso sí, habrá que fijarlos con una laca que funcione.

En la práctica, hay un par de cosas que conviene saber: tanto el rizado como el alisado se hacen sobre pelo seco, ni mojado ni húmedo, para evitar que el calor del aparato lo queme.

Así que, antes de nada, seca el pelo por completo. En pelos muy lisos, a veces se recomienda esperar a que no esté recién lavado. Si tu pelo no se engrasa demasiado rápido, lo ideal es rizarlo al día siguiente del lavado. En cambio, si tu pelo coge la forma con facilidad, puedes rizarlo justo después de lavarlo y secarlo.

Puedes aplicar una espuma de peinado antes de empezar si te ayuda a manejar el pelo, y luego ir por capas.

Primero el pelo de abajo, sujetando el resto con una pinza. Trabaja mechón a mechón, fino, para conseguir un rizo bien definido.

Si tienes el pelo más bien corto, puede que necesites ayuda para la parte de atrás.

Mantén cada mechón enrollado alrededor del rizador unos 10 segundos y luego suelta sin tirar: abre la pinza del aparato y deja que se deslice. No estires el rizo, colócalo con los dedos.

Mechón de pelo enrollado en el cilindro caliente de un rizador
Mechón enrollado diez segundos y soltado sin tirar

Cuando tengas toda la melena rizada, pulveriza laca y, sobre todo, no cepilles el pelo. Agita un poco desde la raíz para despegar los rizos y ganar volumen.

Espalda de una mujer levantando los rizos desde la raíz para dar volumen
Después de la laca, se levantan las raíces para ganar volumen

Con rulos

Es una técnica algo complicada que pide tiempo y paciencia, avisamos.

Para empezar, elige bien los rulos. Olvídate de los bigudíes de la abuela, los que se sujetan con pinzas: son demasiado largos y un rollo. Mejor los rulos de nueva generación, que se agarran al pelo con un revestimiento tipo velcro. Escoge el tamaño según el largo del pelo y el rizo que quieras.

Rulos grandes para pelo largo y rizos u ondas amplias; rulos pequeños para pelo corto o rizos más cerrados.

Los rulos se ponen sobre pelo húmedo, escurrido y presecado. Se hace igual que con el rizador: mechón a mechón, empezando por el pelo de abajo. Cuando tengas todos puestos, hay que dejarlos un buen rato, hasta que el pelo esté completamente seco. Puedes acelerar el proceso con el secador, pero no los quites antes de tiempo o habrás perdido el tiempo para nada.

Luego desenrolla el pelo con cuidado y vuelve a formar el rizo con el dedo, enrollando el mechón. Después pulveriza laca por toda la melena.

En la peluquería

Aunque se pide menos que hace unos años, la permanente sigue existiendo y ha mejorado mucho. Antes se le reprochaban los típicos frizz de cordero, que no tienen nada que ver con los rizos o las ondas bonitas que buscamos hoy. Con una permanente se pueden conseguir varios efectos; el resultado depende de los rulos que se usen.

La permanente que más éxito tiene es la que logra ondulaciones suaves y se hace con rulos grandes, aunque también se pueden conseguir rizos más o menos grandes según el largo del pelo.

Eso sí, hay que tener claro que la permanente debilita el pelo y está totalmente desaconsejada en pelo seco y quebradizo, y en pelo que ha pasado por muchos tratamientos recientes: coloración, decoloración, alisado… No solo está en juego el resultado, sino la supervivencia de tu pelo.

Pide consejo a tu peluquero y ten en cuenta que el resultado y la duración también dependerán del tipo y el estado del pelo.

Peluquera enrollando un mechón en un rulo grande de permanente en el salón
En el salón, rulos grandes para ondulaciones suaves

Rizar el pelo con la plancha

Y sí, no hace falta comprar un rizador si ya tienes una plancha: se pueden hacer rizos perfectamente con el alisador. La clave es tener maña; una vez que le pillas el truco, es muy sencillo.

Foto de producto inspirada en una bruma termoprotectora: protección, reparación y brillo, 150 ml
Imagen de ilustración generada
Manos guiando un mechón en una plancha para formar un rizo, vista de cerca
La plancha también sirve para enrollar: gesto preciso, mechón fino, rizo limpio

Y como el gesto es un poco difícil de explicar y siempre se entiende mejor con imágenes, nos queda el recuerdo de un vídeo de dos chicas conocidas como 2MakeUpTwin, bien explicado y bien grabado —búscalo en internet si todavía sigue por ahí—, pero después de eso, solo queda ponerse.

El detalle que marca la diferencia: aplica una bruma protectora antes de pasar el aparato y deja que el rizo se enfríe del todo antes de tocarlo: es en frío cuando fija su forma. Un aparato demasiado caliente o un rizo manipulado con prisa y el resultado se cae en pocos minutos.

Presupuesto

En cuanto al presupuesto, depende de todo lo que tengas. Un rizador básico se encuentra desde unos 20 €; los modelos con regulación de temperatura, más constantes y más suaves para la fibra, suelen moverse entre los 50 y los 150 €. Un juego de rulos de velcro sigue siendo la opción más económica, normalmente por debajo de los 20 €, mientras que una laca o una espuma de peinado cuesta desde unos pocos euros hasta quince, según la marca. En la peluquería, cuenta más bien entre 60 y 150 € por una permanente, según el largo, el estado del pelo y el profesional —pide presupuesto antes, es lo más sencillo. Estas horquillas de precio varían según las marcas, las promociones y los puntos de venta: lo mejor es comparar online o en tienda antes de comprar.