Coloraciones naturales, ¿son realmente tan inocuas?

Estás delante del lineal, con el sobre de polvo vegetal en una mano y el tubo de siempre en la otra. Por un lado, la idea de aplicar sobre el cuero cabelludo pigmentos que salen de plantas, de manzanilla, de henna o de té. Por otro, la promesa de un rubio platino perfectamente controlado. Y esa vocecita que susurra: «¿y si lo natural no fuera tan suave como lo pintan?». Seamos sinceras: la pregunta merece que le dediquemos un momento.

Los estudios sobre el tema no se ponen de acuerdo, pero lo cierto es que sobre las coloraciones químicas pesa más de una sospecha. Se habla de riesgos cancerígenos, mutágenos y teratógenos —capaces de provocar malformaciones en el embrión—, unos riesgos que asustan aunque no estén oficialmente demostrados. Así que, en pleno auge del bio y de lo natural, miramos las coloraciones vegetales con un interés renovado.

Macro de mechones castaños con reflejos cobrizos y brillo, con restos de pasta vegetal

La trampa del «verde» en la etiqueta

Ojo, porque algunas coloraciones que se presentan como naturales llevan precursores químicos como la parafenilendiamina (PPD) y un oxidante. El único árbitro fiable es la lista INCI de la parte de atrás del envase. ¿Lees PPD? Entonces es una coloración convencional vestida de verde. No se trata de criminalizar a nadie: basta con leer la etiqueta con atención para ahorrarte más de un chasco.

Comparación editorial entre polvos de plantas y un tubo de coloración, con la lista INCI poco nítida al fondo

Y no des por hecho que «vegetal» signifique automáticamente «muy suave». Algunas coloraciones vegetales puras, en especial la henna, se unen a la queratina y pueden dejar una película; su tolerancia varía según la planta, la preparación y la persona. Estas fórmulas no llevan amoniaco ni oxidante añadido, pero tampoco le sientan bien a cualquier cuero cabelludo. Y antes incluso de mezclar el polvo hay un paso que no conviene saltarse: la prueba de tolerancia en una zona de piel, 48 horas antes.

Lo que saben hacer y lo que no

La otra cara de la moneda es que no permiten tantas licencias como sus primas químicas. Con las coloraciones naturales no hay cambios radicales de color ni, casi, aclarados: sirven sobre todo para aportar matices y reflejos, y para oscurecer ligeramente. En cuanto a la cobertura, aunque han mejorado mucho, no cubren tanto como las químicas.

Eso sí, tiñen las canas, pero estas quedan más claras que el resto del cabello. Dicho esto, los reflejos y matices que aportan estos pigmentos naturales son muy bonitos y tienen la ventaja de mantenerse en armonía con el tono de piel de cada persona. Ten en cuenta también que, en algunas personas, pueden dar un aspecto más brillante o una sensación de mayor densidad, pero no tratan el cabello ni le sientan bien a todo el mundo.

Vista en tres cuartos desde atrás de una mujer joven de rasgos mestizos, con el pelo castaño salpicado de canas y un matiz cobrizo

Además, aunque se van atenuando con los lavados, lo hacen de forma armoniosa y limitan el efecto raíz. La duración depende de la planta y del proceso: algunas coloraciones vegetales se difuminan en pocas semanas, mientras que la henna puede aguantar mucho más. Conviene saber que aplicar una coloración natural lleva más tiempo que una química: hay que respetar el tiempo de exposición si quieres un resultado bien visible.

Mezclar coloración vegetal y química

Se recomienda dejar pasar un tiempo entre la aplicación de un color natural y una química, y viceversa. En cualquier caso, lee bien las instrucciones: ahí encontrarás las precauciones que debes tomar. Y si más adelante quieres volver a la coloración de peluquería, avisa a tu peluquero o peluquera de que has usado una coloración natural y de qué tipo era —con manzanilla, henna, té, boj…

Algunas sustancias que llevan las coloraciones químicas, como la PPD, pueden provocar reacciones alérgicas graves; el amoniaco y el peróxido pueden irritar o debilitar el cabello. Su uso está regulado y los riesgos varían según el producto y la persona. Y sí, tienen ventajas: permiten caprichos como un cambio radical de color, pasar del rubio dorado al negro azabache o al revés. Son eficaces, sin duda.

Pero también contienen, entre otras cosas, amoniaco, peróxido o parafenilendiamina: mejor leer las instrucciones, respetar las precauciones y hacer la prueba de tolerancia antes de lanzarte. Razones de peso, en fin, para decantarse a veces por una coloración vegetal, sin esperar de ella el mismo resultado. El veredicto: sí, lo vegetal tiene todo su sitio en el baño, siempre que aceptes sus límites.

Antes de aplicar cualquier coloración, la pequeña prueba de tolerancia en una zona de piel 48 horas antes sigue siendo el gesto que evita más de un susto, sobre todo cuando todavía no conoces la composición exacta del producto.

Precio

En cuanto al coste, depende de la fórmula y del sitio. Una henna o una coloración vegetal en polvo para preparar en casa suele costar entre 5 y 15 € el sobre, sin contar el tratamiento que a veces se aplica después. En kit listo para usar, cuenta más bien entre 10 y 25 €. En peluquería, una coloración vegetal se sitúa habitualmente entre 40 y 90 €, más si el pelo es largo o si hay que trabajar un degradado, y conviene pedir presupuesto antes de sentarte en la silla. El precio también varía según la marca, la certificación ecológica y el tipo de plantas utilizadas.

Fuentes

  • Reglamento (CE) n.º 1223/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre los productos cosméticos, que regula los colorantes capilares.
  • AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), información y publicaciones sobre tintes capilares.
  • SCCS (Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Comisión Europea), dictámenes sobre colorantes capilares.