«Llevamos un año intentándolo, ¿tú también crees que deberíamos consultar?» Puede que hayas oído esta frase en boca de una amiga, o que te la hayas hecho a ti misma. Cuando un embarazo se hace esperar, las siglas RA se cuelan pronto en las conversaciones, con su carga de tópicos y de preguntas sin filtro. Detrás de esas siglas aparentemente frías se esconden, sin embargo, varias técnicas bien distintas, indicaciones concretas y plazos que cambian por completo de un caso a otro. Vamos a poner orden, apoyándonos en las recomendaciones oficiales, sin promesas y sin alarmismos.

Qué abarca la reproducción asistida

Hablamos de reproducción asistida cuando la concepción requiere un acto médico, al margen de las relaciones sexuales. Tres grandes bloques se reparten el terreno: la inseminación artificial, la fecundación in vitro y sus variantes, y la transferencia de embriones congelados. La elección no se hace al azar ni según el deseo del momento: parte del estudio de fertilidad, que explora a la persona o a ambos miembros de la pareja. Trompas obstruidas o dañadas, endometriosis, alteraciones de la ovulación, anomalías del semen o riesgo de transmitir una enfermedad grave: cada situación orienta hacia una técnica u otra. En España, el acceso está regulado por la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida, y no depende del estado civil ni de la orientación sexual: cualquier mujer puede recurrir a estas técnicas, con o sin pareja.

Mujer sentada ante un escritorio claro, con una carpeta abierta delante, en una consulta de fertilidad
Del estudio de fertilidad dependen las técnicas que se propondrán

La FIV, paso a paso

El principio de la fecundación in vitro cabe en una frase: fecundar fuera del cuerpo y después devolver el embrión al útero. En la práctica, se desarrolla en varias fases. Primero, la estimulación ovárica, con inyecciones hormonales durante unos diez días y un seguimiento por ecografías y análisis de sangre para ajustar el tratamiento lo más posible. Después, los óvulos se extraen por punción, con anestesia local o general — el momento que muchas temen, y que suele resolverse en una jornada. En el laboratorio, los óvulos se ponen en contacto con los espermatozoides y se vigilan de cerca las primeras divisiones.

Llega entonces la transferencia: uno o dos embriones, no más, para limitar los embarazos múltiples y sus riesgos. Los demás embriones considerados viables pueden congelarse, una opción que cambia las cosas para el resto del proceso: se puede recurrir a ellos si hace falta, sin volver a pasar por toda la estimulación.

Mujer tumbada en una camilla, completamente cubierta con una sábana blanca, durante una ecografía
La estimulación se sigue con ecografías a lo largo de todo el protocolo

La ICSI, un espermatozoide inyectado en el óvulo

Cuando los espermatozoides son escasos, poco móviles o de forma atípica, el equipo opta por la ICSI: se selecciona un espermatozoide y se inyecta directamente en el óvulo, a escala de una sola célula. En España, la ICSI se utiliza en la mayoría de las punciones, lo que podría hacer pensar que es más eficaz que la FIV convencional. Contra un tópico muy extendido, no ofrece mejores resultados. Es una indicación precisa, no una versión «mejorada». Dicho de otro modo, la técnica más reciente no siempre es la más adecuada para tu caso: es el estudio de fertilidad el que decide.

Embriólogo de perfil ante un microscopio equipado con micromanipuladores, en el laboratorio
La ICSI se decide a escala de una sola célula

La inseminación artificial

El procedimiento es mucho más sencillo: los espermatozoides preparados se depositan en el útero en el momento de la ovulación, a veces tras una estimulación ligera para ajustar mejor el momento. La fecundación, en cambio, ocurre dentro del cuerpo — esa es toda la diferencia con la FIV. Suele proponerse varias tentativas repartidas en unos cuantos ciclos antes de reevaluar la estrategia. La inseminación puede hacerse con los espermatozoides de la pareja o, si hace falta, con los de un donante.

La donación de gametos, qué ha cambiado

La donación de espermatozoides u óvulos sigue siendo gratuita y está estrictamente regulada en España a través de los bancos de gametos y los centros autorizados. Las normas han evolucionado en varios puntos: un donante ya no necesita haber tenido hijos, y el acceso al tratamiento con donación no está restringido a parejas heterosexuales. En cuanto al anonimato, el marco también se ha adaptado: la persona o la pareja receptora no conoce la identidad del donante, pero la persona nacida de una donación puede, al cumplir los 18 años, solicitar datos no identificativos y, si el donante ha dado su consentimiento, la identidad de este, a través de la comisión correspondiente. Buena noticia sobre el papel, menos sobre el terreno: los plazos pueden seguir siendo largos, sobre todo para los óvulos, donde la espera puede contarse en meses, a veces más.

El DPI, casos particulares

Cuando uno de los progenitores puede transmitir una enfermedad genética grave, el diagnóstico genético preimplantacional permite analizar los embriones obtenidos por FIV antes de la transferencia. Solo se transfieren los embriones libres de la enfermedad. El marco es muy estricto, cada situación se estudia caso por caso: hablamos de indicaciones concretas, no de una opción abierta a la carta.

Qué dicen las tasas de éxito

Abordemos el tema espinoso, pero con cifras en lugar de esperanzas difusas. Los datos actuales sugieren que alrededor del 20 % de las punciones en FIV o ICSI culminan en un nacimiento, considerando todas las edades. La edad sigue siendo el primer factor en juego: las posibilidades son mayores antes de los 35 años y disminuyen de forma clara a partir de los 40. En el caso de las inseminaciones, las tasas por ciclo son más modestas, del orden del 10 al 15 %, pero la repetición durante varios ciclos mejora la probabilidad global. Ninguna técnica garantiza un embarazo: por eso un seguimiento personalizado, con un diálogo sincero sobre las expectativas, vale más que cualquier estadística general.

Tabaco, alcohol, peso, sueño: estos factores de riesgo influyen en la fertilidad tanto en la mujer como en el hombre, incluso antes de la primera cita. Si tienes dudas, habla con un profesional — médico de familia, ginecólogo o centro de reproducción asistida —. Ningún test comprado por internet sustituye un estudio médico.

Presupuesto

En España, las técnicas de reproducción asistida están contempladas en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud cuando existe indicación médica, aunque la cobertura no es homogénea: varía entre comunidades autónomas, suele limitarse a un número máximo de ciclos y los límites de edad en la sanidad pública se sitúan habitualmente en torno a los 40 años. La oferta pública es limitada y las listas de espera pueden ser largas, por lo que muchas personas acaban recurriendo a la sanidad privada. Una FIV con óvulos propios en una clínica privada se sitúa habitualmente en varios miles de euros por ciclo, y el importe aumenta cuando se recurre a la donación de óvulos. A ello hay que sumar los costes indirectos, esos de los que se habla menos: desplazamientos repetidos, bajas laborales, gastos que a lo largo de un tratamiento completo pueden suponer varios cientos de euros.

¿Y si no cumples los requisitos en la sanidad pública, o decides buscar otras opciones? Una FIV en el extranjero se sitúa en el orden de varios miles de euros con tus propios óvulos, más todavía con donación de óvulos, sin contar el viaje. Dónde dirigirse: una unidad de reproducción asistida de un hospital público o una clínica privada autorizada, tu médico de familia o la Sociedad Española de Fertilidad para información general. En la práctica, ten presente que cada proceso tiene su ritmo y sus exigencias, y que un acompañamiento médico regular sigue siendo la mejor brújula.

Fuentes