Qué hacer cuando la regla duele
Reconozcámoslo: hay lunes por la mañana en los que se levanta ya agotada, con el vientre en tensión, y sabe perfectamente que el día se le va a hacer eterno. No por el despertador, no: por esos malditos calambres que vuelven cada mes. Aprieta los dientes, se mete una bolsa de agua caliente rescatada del fondo de un armario en el bolsillo canguro de la sudadera y cruza los dedos para que las tres reuniones de la tarde se encadenen sin que tenga que doblarse por la mitad. Aun así, hay algunas pautas, a menudo modestas y a veces sorprendentemente eficaces, para que la semana se lleve mejor.

No todas vivimos la regla igual, eso está claro. A algunas esos días se les pasan casi sin enterarse; otras los temen con días de antelación porque saben lo que les espera. Calambres en la parte baja del vientre, tirones que llegan hasta los muslos, náuseas, migrañas, a veces vómitos y diarrea: la dismenorrea, es decir, el dolor menstrual, no es precisamente un placer. Y después de haber probado casi de todo, una acaba pensando que no hay solución posible.

Antes de nada: si usted ya ha encontrado algo que calma sus dolores, sus trucos son bienvenidos. No dude en compartirlos en los comentarios; pueden ayudar a otras lectoras.

Por qué duele la regla
Los dolores de regla no siempre aparecen desde la primera menstruación. No es raro que una chica tenga un primer periodo sin dolor y que, a menudo en los primeros tiempos tras el inicio de las reglas, aparezcan los primeros síntomas: molestias en la parte baja del vientre, calambres, náuseas o migrañas. ¿Por qué se produce ese cambio? Una de las hipótesis mejor documentadas apunta a las prostaglandinas, unas sustancias cuya concentración aumenta durante la menstruación; una mala oxigenación del útero también podría influir. Se sabe además que el útero se contrae para expulsar la sangre, lo que puede provocar dolores abdominales más o menos intensos según la mujer.

Por desgracia, estos dolores no siempre se toman en serio. Como en sí mismos parecen poco graves, se olvida que pueden llegar a ser insoportables. Tener que quedarse tumbada, tomar analgésicos y sentirse aturdida, notar una debilidad que llega hasta el desmayo… todo eso acaba siendo un obstáculo en un día cualquiera. No está «en su cabeza», y tampoco es una fatalidad.

El calor, lo primero
Para empezar, se ha observado que el calor tiene a veces un efecto calmante sobre el dolor. No funciona para todo el mundo, pero cuando funciona es una auténtica bendición. Así que no dude en darse un buen baño caliente, que relaja tanto la zona lumbar como el vientre, o en recuperar la clásica bolsa de agua caliente, que vale la pena. Colóquela sobre la zona dolorida, tápese con una manta y regálese unos minutos sin sentirse culpable.
En cuanto a la alimentación, puede introducir pequeños ajustes a lo largo de la semana. Mejor pescado azul, rico en omega-3, que embutidos y carne roja. Tenga en cuenta la vitamina B6, presente en los cereales integrales, y el zinc, que se encuentra en los huevos, el perejil, las legumbres, los brotes germinados o las ostras. Limite los azúcares rápidos y las grasas animales si nota el vientre más pesado. Eso sí, procure no convertir su plato en un campo de batalla: nada de esto es un tratamiento, son gestos de equilibrio.
Y por la mañana, modere el café. No porque esté claramente demostrado que tenga un efecto directo sobre los espasmos, sino porque no siempre ayuda cuando ya está tensa. Conviene también evitar comprimir el vientre: fuera los vaqueros de tiro alto demasiado ajustados y los cinturones que aprietan. En la práctica, llevar ropa suelta puede cambiar de verdad el confort de sus días.
Moverse, respirar y descansar
Puede resultar un poco contraintuitivo, pero por lo general se recomienda a las mujeres con dismenorrea hacer ejercicio físico con regularidad. El ejercicio ayuda a oxigenar el cuerpo y a mejorar la circulación sanguínea, lo que podría atenuar los dolores y algunos síntomas premenstruales y menstruales. No hace falta rendir al máximo: en la práctica, una caminata diaria, aunque sea corta, puede ayudar. La noche en que duela de verdad, permítase una sesión más suave o un simple paseo.
El yoga y la relajación también tienen algo que decir. Algunas posturas son conocidas por relajar la zona lumbar y el vientre, y una clase en vídeo sobre una esterilla, en casa, puede ser un auténtico respiro. La idea no es convertirse en yogui, sino encontrar unos minutos de respiración profunda, por ejemplo con las piernas elevadas. Si le interesa, una clase en un estudio cuesta a menudo lo mismo que una comida; sigue siendo un gasto razonable si le ayuda.

El caso de los aceites y las plantas
Se habla con frecuencia de dos aceites vegetales, el aceite de borraja y el aceite de onagra, en relación con los trastornos menstruales. Sin embargo, los datos actuales siguen siendo limitados al respecto. Si le apetece probarlos, hable antes con un profesional sanitario, aunque solo sea para comprobar que no hay ninguna contraindicación que le afecte.
En cuanto a los aceites esenciales, algunos se usan a veces en masaje sobre el vientre por su aroma y su efecto relajante. No hablamos aquí de un tratamiento de la dismenorrea, sino de un gesto de bienestar: un ritual que puede sentar bien cuando se le dedica unos minutos. Eso sí, atención: un aceite esencial nunca se aplica puro sobre la piel. Hay que diluirlo en un aceite neutro, como el de almendras dulces o el de aguacate.

Nunca se aplique un aceite esencial puro sobre la piel y nunca lo haga sin asesorarse. Un mal uso puede provocar irritación o incluso quemaduras. No todos son aptos para todo el mundo (embarazo, lactancia, determinadas patologías), y algunos conviene evitarlos en chicas jóvenes. Pida siempre consejo a su farmacéutico o a un profesional formado en aromaterapia.
Si los dolores aparecen varios años después de la primera regla, si no ceden con lo que suele aliviarle o si se acompañan de fiebre, sangrados inusuales o dolor fuera de la menstruación, no se quede sola: pida cita con su médico o su ginecólogo. Estos signos no significan necesariamente que haya un problema, pero merecen una valoración.
Dos aclaraciones importantes, porque no todo es igual. Aquí hablamos de la dismenorrea primaria, la que empieza con el ciclo menstrual y no es señal de una enfermedad de fondo. Existe una segunda forma, la dismenorrea secundaria: aparece varios años después del inicio de las reglas y sí es signo de una patología ginecológica (endometriosis, mioma, una complicación relacionada con un dispositivo intrauterino, etc.). En ese caso no conviene improvisar: pida cita cuanto antes para hacer pruebas en profundidad.
Médicos y ginecólogos proponen a veces una anticoncepción hormonal para aliviar los dolores: eficaz para algunas, sin efecto para otras y con sus propios efectos secundarios. Nunca es una decisión que deba tomar sola.
Presupuesto
En cuanto al presupuesto, una bolsa de agua caliente o un cinturón térmico cuesta entre 10 y 40 € según el modelo, en farmacia, parafarmacia o tiendas de deporte; una versión sencilla de caucho suele costar menos de 15 €. Los complementos de aceite de borraja o de onagra, en cápsulas, rondan entre 10 y 25 € el frasco según la marca y el formato, en farmacia. Calcule entre 8 y 20 € por un frasco de aceite esencial, más un aceite neutro (entre 6 y 15 €), y entre 15 y 25 € por una clase de yoga en un estudio, sin contar las opciones gratuitas o casi gratuitas (aplicaciones, vídeos). Los precios varían según la ciudad, la marca y el punto de venta; estas horquillas son orientativas.
Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable.





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