El invierno pasado vimos la llegada con fuerza del pitillo, ese vaquero ajustado de la cintura a la pantorrilla que recorrió las calles de nuestras ciudades durante toda la temporada. Mejor llevarlo con una chaqueta corta o de largo medio, bailarinas para las altas y delgadas, tacones de aguja para las bajitas o con curvas e incluso botas para las adictas a este corte. Y sí, las botas también dieron de qué hablar, pero eso es otra historia.
Este verano, en cambio, el pitillo no ha sido el protagonista: normal, me dirás, en verano se lleva lo corto. ¿Y qué pasa con la vuelta a la rutina?
Quizá el pitillo siga en juego, pero según los grandes nombres de la moda, debería dejar que le robe el protagonismo el nuevo capricho de las celebridades y los diseñadores: el vaquero ancho. De tiro alto o moderadamente bajo, da igual: lo importante es que flotas dentro. Siempre es amplio en la parte inferior, a veces ajustado en muslos y cintura, a veces ancho por completo: tú eliges.
El vaquero ancho es comodidad inmediata. Flota, respira y no marca la cintura cuando te sientas. A menudo favorece mejor las siluetas en A o en O, y las caderas marcadas, porque equilibra sin apretar.

¿Las consecuencias de este nuevo entusiasmo? No hace falta que te haga un dibujo: con un vaquero así, se trata de jugar con la tendencia hippie sin… caer del todo en ella. La clave del éxito estará, por tanto, en saber elegir el resto del conjunto y los accesorios. ¿Un ejemplo? Chaqueta corta y entallada, tacones de aguja y vaquero ancho: sí.
Vaquero ancho + abrigo (entendemos abrigo o chaqueta larga)… regular. Y vaquero ancho + zapatillas… mmm, cuidado con el aire infantil o con el efecto «acorta piernas».
Segunda obviedad: el vaquero ancho hará felices a muchas. Es más fácil de combinar con un trasero prominente y curvas femeninas que el pitillo y, además, es comodísimo.
En cuanto al pitillo, el corte ha cambiado de estatus. Ya no es el corte por defecto, sino una elección intencionada: estiliza la pierna y alarga la silueta cuando el tejido lleva un poco de elastano, porque entonces el denim acompaña el movimiento en lugar de oponerse a él.

Entre los dos hay sitio para todo el mundo: el ancho, que respira y acompaña las piernas largas y los tops cortos; el recto, todoterreno, que ni aprieta ni flota; el pitillo, reservado para los momentos en que buscas una línea limpia. Los tres forman un pequeño guardarropa cápsula que cubre casi todo, de la oficina a la cafetería.

Aun así, en las pasarelas recientes reaparece la pierna ajustada, combinada con prendas estructuradas: un blazer de hombro marcado, una camisa por dentro y unos botines finos. La moda no sentencia, propone. Tú eliges.

Y si la duda persiste, queda un método infalible: saca todos tus vaqueros del armario, pruébatelos uno a uno con tus zapatos de diario y anota el que te haga olvidar que llevas vaqueros. A menudo es ese el que conviene conservar, y quizá mandar arreglar en lugar de sustituir.

Entonces, ¿vaquero ancho o pitillo? Pues… suponemos que dependerá de la morfología. Algunas se confiesan adictas a su pitillo, algo que podemos entender… ¿y tú?
En cuanto a las marcas, entonces dos nombres se repetían en las páginas de moda: JBrand y Notify, citados por sus cortes y su denim de lujo.
Desgastado, crudo, de tiro bajo, lavado… Los vaqueros se suceden y no se parecen, las modas cambian y nosotras, aficionadas a las tendencias y a ir «bien vestidas», probamos. A veces nos equivocamos —pues sí, hay que reconocer que un pitillo o un tiro bajo no le sientan bien a todo el mundo— y otras acertamos de pleno: encontramos EL ejemplar que le hacía falta a nuestro trasero y que, por un amable efecto óptico, nos deja piernas interminables y muslos estilizados. Ay, querido vaquero, pieza clave e imprescindible de nuestro armario: ¿qué hacemos esta temporada, elegirte pitillo o tomarte ancho?
Presupuesto
Calcula entre 30 y 60 € para un vaquero ancho o pitillo en grandes superficies y cadenas de moda, a menudo en denim de peso medio.
En la gama media, en marcas de denim, la horquilla se sitúa más bien entre 80 y 150 €: la tela es más densa, el corte está mejor trabajado y aguanta mejor los lavados.
Por encima, el premium y los talleres de denim suben de 180 a 300 €, a veces más, sin que la diferencia sea siempre visible a simple vista; probártelo sigue siendo el mejor juez.
Hay que contar además con un arreglo de dobladillo o de cintura, que suele costar entre 10 y 25 € en tintorería o en un servicio de arreglos, y que marca la diferencia en un vaquero un poco largo.
Lo que hace variar el precio: el peso y el origen del denim, la incorporación de elastano o lino, la fabricación europea y el momento de la compra; el final de temporada suele ser la mejor opción.
Fuentes
- ADEME, Agencia de la Transición Ecológica francesa — ademe.fr (impacto ambiental del textil y la confección).
- Refashion, ecoorganismo francés del sector textil de ropa, ropa de hogar y calzado — refashion.fr.





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