¿Por qué los ojos? Porque ocupan un lugar esencial en el rostro: por sí solos traducen expresiones y sentimientos, y un buen maquillaje de ojos basta para cambiar e iluminar una cara entera. La diferencia rara vez está en la cantidad de productos: el maquillaje de ojos es sobre todo una cuestión de tonos adecuados y de gestos bien colocados.

Conviene recordar también que maquillarse no se aprende en un día y que, como pasa con el eyeliner, los primeros intentos suelen quedarse a medias; pero en cuanto le pillas el truco, la mano llega sola.

Tres sombras —cobre, topo y ciruela— probadas lado a lado sobre el dorso de una mano a la luz del día
Ojos cerrados con un maquillaje cálido, terracota y ciruela
Sombra clara bajo la ceja y sombra oscura pegada a la raíz de las pestañas. Ese dúo basta para transformar la mirada

Elegir los colores

En el maquillaje de ojos, una de las etapas clave es elegir bien los colores: cada una tenemos nuestros tonos amigos y esos otros que más vale evitar, y la cuestión es saber cuáles son. Antes de lanzarte a por paletas de dieciocho sombras, empieza por dos preguntas sencillas: qué colores favorecen a tu iris y cómo aplicarlos sin que acaben migrando al pliegue antes de comer.

Brocha biselada de pelo sintético junto a una sombra color topo
La brocha biselada, pensada para seguir la línea de las pestañas al milímetro

¿Ojos marrones? Tienes suerte: puedes elegir los colores que quieras, porque los ojos marrones son los más agradecidos con el maquillaje, les sienta bien todo. Mejor los tonos cálidos, que realzan la mirada: del dorado al chocolate, pasando por el azul cielo, el blanco nacarado o el frambuesa goloso, elige el color del día según tu ropa o según te apetezca. Ojo también con esto: el verde les encanta a los ojos marrones, siempre que no se abuse de él.

¿Ojos verdes? El verde se lleva bien con el marrón, el chocolate y el dorado, pero también con tonos fríos como el gris y el negro (con cuentagotas). Los rosas no siempre encajan con los ojos verdes: mejor elegirlos oscuros, tirando a verde o a violeta. El beige, en cambio, es perfecto para el párpado fijo, porque ilumina de maravilla los ojos verdes.

¿Ojos azules? Menos sociables que los marrones, los ojos azules se pueden realzar de forma espectacular. Todas las paletas de rosa suelen quedarles bien: del rosa pastel al rosa salmón pasando por el rosa chicle, y también el malva, el gris azulado, el negro, los marrones en general y el dorado. Las chicas de ojos azules pueden atreverse con el azul y el verde, pero esos tonos tienen que contrastar con el color del ojo; si no, lo único que hacen es apagarlo o emborronarlo. Y las que tienen un azul muy claro mejor que se alejen del verde y tiren por un azul marino o un gris irisado.

Elegir el material

En cuanto a herramientas, necesitarás una sombra de ojos con al menos dos tonos que se complementen, uno claro y otro más oscuro (chocolate + beige, por ejemplo): no hacen falta más colores, un maquillaje puede ser sofisticado sin ser complicado.

También hará falta una máscara de pestañas, negra a ser posible, más sencilla y elegante; marrón si no te gusta el negro, pero solo si tu maquillaje va también en tonos marrones.

Tubo de máscara de pestañas negra abierto, con el cepillo al lado sobre una superficie clara
Cepillo bien negro y una sola capa para abrir la mirada

Un lápiz puede rematar el maquillaje: aquí también lo ideal es el negro, salvo para los ojos azules, que van perfectos con un lápiz gris o marrón, más suaves.

La práctica

Truco número uno: cualquiera que haya usado sombra de ojos, aunque sea poco, sabe que se corre, deja posos bastante feos y, en resumen, te deja cara de haber tenido un día horrible cuando aún no ha pasado ni media tarde. Poco glamuroso, la verdad.

Para que la sombra no se mueva, empieza aplicando una prebase específica para párpados (MAC tiene una muy eficaz); si no tienes, también puedes pasar una capa fina de base de maquillaje por el párpado antes de la sombra, para fijarla.

Gesto de la brocha difuminadora en el pliegue del párpado, frente al tocador, con luz de mañana

En cuanto a la aplicación de la sombra, recuerda que la zona de debajo de la ceja, es decir, la parte alta del párpado fijo, siempre tiene que quedar clara: pon ahí un beige, un marfil, un nacarado, un tono piel... lo que prefieras, pero siempre tonos muy claros.

La sombra oscura se coloca en la raíz de las pestañas y se sube hacia el párpado móvil. Para la parte inferior del párpado fijo, puedes usar la misma sombra clara de antes o una mezcla suave de la sombra oscura y la clara, más delicada de aplicar.

Una vez puesta la sombra, no dudes en unificar el maquillaje con una brocha limpia, para quitar marcas y diferencias.

Aplica la máscara de pestañas, que abre y engrosa la mirada a la vez.

Y después pasa al lápiz. Eso sí, atenta: el lápiz tiende a «achicar» los ojos, que parecen más pequeños. Si lo que quieres es agrandar la mirada, apuesta por un trazo en blanco o beige en lugar de negro, o coloca el lápiz no dentro del ojo, sino justo en la raíz de las pestañas, y solo en el rabillo externo. En ese caso puedes sustituir el lápiz por un poco de sombra y una brocha biselada, que aplicará el color con precisión sobre la línea de las pestañas.

Si las ojeras son tu problema, añade unos toques de corrector y séllalos con un poco de polvo para que aguanten mejor.

Corrector de ojeras

El arte del maquillaje es un arma valiosa en estos tiempos en los que la apariencia pesa tanto en la balanza de la primera impresión. Dejémonos de ingenuidades: todas esas chicas que nos cruzamos por la calle, o en un anuncio de máscara de pestañas de nuestra revista favorita, no se despiertan impecables, con la cara radiante y las mejillas sonrosadas. No: esas chicas se arreglan y saben manejar brochas, borlas y sombras de todo tipo para iluminar sus rasgos, dar luz a su mirada y brillar en un abrir y cerrar de ojos. ¿Te apetece, como a ellas, sacar partido a tu cara con unos cuantos brochazos? Pues dale luz a tus ojos.

Presupuesto

No hace falta arruinarse para conseguir una mirada bonita. Una sombra de ojos de dos tonos de calidad suele costar entre 8 y 20 €, mientras que una paleta más elaborada asciende fácilmente de 25 a 45 € según la marca y la cantidad. Una máscara de pestañas decente se encuentra entre 8 y 20 €, un lápiz entre 5 y 15 € y una brocha biselada entre 5 y 20 €; las de pelo sintético suelen ser las más fáciles de mantener. Un corrector de ojeras va de 8 a 25 € según la cobertura, y una prebase de párpados entre 10 y 25 €, con una duración larguísima: con muy poca cantidad en cada aplicación es suficiente. Las fórmulas veganas o recargables cuestan un poco más, un criterio que cada vez pesa más. Los precios varían sobre todo según el punto de venta —supermercado, perfumería o marca independiente—, así que no hay razón para lanzarse a por las más caras.

Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable.