El brushing consiste en secar el pelo con aire muy caliente, un calor que alisa la cutícula del cabello y le da ese aspecto liso y especialmente brillante. El problema es que, cuando no eres peluquera, el brushing acaba en drama: veinte minutos después te arde la nuca, el cepillo se ha enredado y el resultado no hay por dónde cogerlo. Tranquila: hacer un brushing en casa tiene menos que ver con el talento que con el orden de los gestos, así que empezamos de cero, paso a paso.

¿La solución? Sigue la guía.
Para empezar, el equipo
Elige un secador de buena calidad que tenga varios niveles de calor: así podrás adaptar la temperatura a cada fase del brushing.
Hazte también con un cepillo redondo cuyo diámetro dependerá de tu largo: cuanto más largo el pelo, mayor el cepillo, y los medianos van bien para media melena. Un detalle útil: para el flequillo, uno de diámetro pequeño es muy práctico.
Por último, ten a mano un sérum, una crema o un producto similar para preparar el pelo antes del secado y, de paso, protegerlo.
Vamos a la acción
Primero, un consejo: si usas el secador con frecuencia, cuida el pelo a diario. Crema protectora, aceite capilar con filtro UV para el verano, mascarillas después del lavado y, si tienes ocasión, un tratamiento nutritivo con aceite vegetal una vez a la semana antes del champú. El pelo se protege de forma preventiva y constante, y eso es justo lo que le permite encajar el calor sin romperse.
Hasta aquí los avisos. Vamos con el brushing.
Empieza secando el pelo a temperatura media, después de desenredarlo bien, claro. Cuando al tocarlo con los dedos ya no lo notes húmedo, aplica tu sérum protector, que además te facilitará el alisado.
Luego, empezando por la nuca, ve haciendo separaciones: deja sueltos los mechones que vas a trabajar y recoge el resto del pelo. Trabaja mechón a mechón para que no te superen las circunstancias.
Deja resbalar el cepillo a lo largo del mechón con una mano mientras acompañas el movimiento con el secador (a la temperatura más alta) con la otra. Eso sí: el secador no debe quedar ni demasiado lejos ni demasiado cerca, sino a unos 10 o 12 centímetros. Si lo acercas más, el calor podría dañar el pelo.

Después, cuando los mechones que has dejado sueltos estén secos y alisados, libera unos cuantos más y sigue así, subiendo poco a poco hacia lo alto de la cabeza.
Cuando tengas todo el pelo seco, pon el secador en aire frío: el aire frío ayuda a fijar la forma conseguida y es lo que hace que el movimiento dure. También puedes repartir una pequeña cantidad de sérum alisador por medios y puntas, o incluso unas pulverizaciones de laca ligera para fijar todo sin apelmazar.

Y ya tienes un brushing de profesional. Eso sí, cuidado con la humedad: por desgracia, todavía no existe ningún sérum capaz de evitar el encrespamiento que provoca la lluvia.
Nos encanta el brushing: deja el pelo suave, liso y sedoso. Una gozada, desde luego, pero una gozada cara. Y no, no tenemos una peluquera personal que nos lo haga cada dos por tres. No hace falta, te digo: el brushing en casa es fácil, basta con respetar unas cuantas reglas de oro y practicar hasta pillarle el truco. Ahora te toca a ti: pelo liso y bien domesticado.
El veredicto de Léna: el brushing en casa pide algo de paciencia y método, pero se le coge el gusto enseguida. Encuentra el ritmo que le va bien a tu pelo y no fuerces nunca la temperatura.


Presupuesto
Un secador correcto, con varios ajustes de temperatura y boquilla concentradora, se mueve entre los 30 y los 80 €, aunque para un modelo profesional, con un motor que dura más y calienta de forma más constante, hay que contar más bien con 100 a 200 €. Un buen cepillo redondo —de cerda natural, cerámica o mixto— cuesta entre 10 y 35 € según el tamaño y la marca, y un sérum termoprotector, entre 12 y 40 €. En cuanto a la laca, una referencia ligera se sitúa entre los 10 y los 25 €. Los precios cambian según la marca, el punto de venta (gran superficie, perfumería, la web de la marca) y las promociones, así que mejor comparar antes de invertir, sobre todo en el aparato, que es el que marca la diferencia en el día a día.




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