En Ba&Sh el vestido de invierno es corto. Y es justo ahí donde muchas pensamos que la moda está muy bien, pero no siempre encaja con el día a día: pasar el trayecto al trabajo a las 7 de la mañana a -5 °C no es precisamente la mejor forma de empezar la jornada. Dicho esto, conviene recordar que entre las tendencias de la temporada figuran el legging —clásico o en su versión tregging, ese híbrido entre legging y pantalón con aires de Catwoman, en PVC o lo que se tercie—, las medias opacas, los leggings de lana y los calcetines largos. Tampoco hace falta que te recordemos que las botas siguen en lo más alto: en definitiva, todo un arsenal que conviene dominar para mantener piernas y pies bien calientes incluso con un vestido mini.
Pero el vestido de invierno no es solo una pieza que salva el look: es también una forma de construirlo. Las colecciones otoño-invierno lo confirman: el vestido vuelve con fuerza, se lleva por capas y en tejidos pensados tanto para el entretiempo como para el frío de verdad.

En la práctica, se coloca sin problema sobre un cuello alto fino, una camisa de popelín o una camiseta técnica. Por debajo, apuesta por medias opacas, un legging térmico o un pantalón largo ultrafino que quede invisible bajo los cortes rectos.

En cuanto a tejidos, el punto grueso, el punto bouclé o las mezclas de lana y poliéster aportan abrigo, cuerpo y un mantenimiento sencillo. Los vestidos de punto largos y envolventes conviven con los vestidos blusa de pana, los vestidos cruzados de lana bouillie y los modelos de punto grueso.

Y por último, tanto en Ba&Sh como en otras firmas se repiten los gorros, los guantes y las bufandas XL de punto: otra vez, la manera de ir bien abrigada sin renunciar al glamour y, de paso, de meter color en el look. El accesorio no ha dicho su última palabra, pero se moderniza: los guantes táctiles forrados permiten consultar el móvil sin destaparse los dedos, las bufandas de punto grueso se llevan XXL y los cuellos tipo snood sustituyen a veces a la bufanda clásica.

En Ba&Sh son fans del estilo retro de aire bohemio, pero chic, ni que decir tiene. Así, las blusitas florales o de estampado multicolor encajan con un par de botas y una chaqueta de piel —otro imprescindible del invierno, en versión sintética para quien no comulga con la piel animal—. Flequillo sobre los ojos y mirada ahumada: todo está pensado para lograr un estilo favorecedor y singular sin complicarse demasiado.
De hecho, eso es lo que nos gusta de esta nueva colección: la sencillez de prendas bonitas cuya sobriedad abre la puerta a un sinfín de posibilidades. Versiones elegantes con stilettos con carácter, colgantes largos bien elegidos y bolsos de firma; versiones casuales con solo bufanda, gorro y medias para no tiritar en todo el día; o versiones trendy con leggings, botines y compañía... Aquí tienes la prueba: tres vestiditos de aire depurado, para combinar como prefieras.

Conviene señalar también el lado tendencia y funcional del cinturón. Ya se podía anudar muy alto sobre la cintura —casi bajo el pecho, aunque en ese caso mejor elegirlo fino— para crearse una cintura imperio con cualquier jersey, vestido o top, o colocarlo a la altura de las caderas para estructurar una blusa o un vestido amplio. Y esta temporada vuelve a ser imprescindible: los modelos de cuero trenzado, de punto o con hebilla gráfica permiten variar los efectos sin cambiar de look. Un detalle sencillo, un resultado inmediato.

Por último, en cuanto al corte, tú decides: vestido blusa o de punto, amplio o ajustado, corto o bajo la rodilla a lo vestido tubo... la elección es tuya.
De las pasarelas a las tiendas, pasando por las páginas de tendencias de las revistas, el vestidito está en todas partes, y lo mínimo que se puede decir es que se muestra glamuroso. Más corto que largo, a modo de blusa, de punto o como vestidito ajustado, acompañado de un cinturón, un chaleco de piel sin mangas muy sesentero, una capita, leggings de lana, botines o botas... Cada una lo llevará a su manera, de día y de noche.
El vestido de invierno ya no es una apuesta arriesgada. Bien acompañado, atraviesa la temporada sin tiritar y sin renunciar a lo que le da su encanto: un aire sencillo, fácil de reinventar según el ánimo y la meteorología.

Presupuesto
Cuenta con unos 40 a 60 € para un vestido de invierno sencillo en una cadena o gran superficie, y más bien 80 a 150 € para una pieza de mezcla de lana o de punto con buena caída. Los modelos de lana bouillie o de pana suben fácilmente de 120 a 250 €. En cuanto a las capas, calcula unos 15 a 30 € para un pantalón largo térmico y 20 a 50 € para unas medias opacas que aguanten. Los cinturones trenzados o de hebilla gráfica suelen situarse entre 20 y 60 €. Los precios varían según el tejido, la marca y la temporada: finales de diciembre y enero siguen siendo los mejores momentos para equiparse sin dejarse un dineral.





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