¿Te apetece lucir un cutis impecable y buena cara todos los días del año? Pues ¡vamos allá, prepara tus brochas!

Jabón limpiador sólido y gel suave en frasco de vidrio sobre una estantería de piedra

Para empezar, limpia el rostro. Nunca apliques maquillaje sobre una piel sin limpiar e hidratar. Lo ideal es un limpiador, espuma o gel sin jabón, con pH neutro, es decir, no ácido, para no resecar la piel. ¿Lo mejor? Una espuma limpiadora: incluso quienes siempre van con prisa agradecerán su suavidad y su aroma fresco.

Colorete rosa en polvo prensado en su estuche abierto, con la brocha al lado

Después de la limpieza llega la hidratación. Elige una crema adaptada a las necesidades de tu piel. A las pieles grasas les irá bien un gel ligero reequilibrante; a las pieles secas, una crema generosa y bien hidratante. ¿Lo mejor? Para pieles con tendencia grasa, la crema hidratante matificante Effaclar de La Roche-Posay; para pieles secas, una crema envolvente que las mime en profundidad, o la crema Nutri-Délice de Decléor, que las suaviza visiblemente.

Mujer joven asiática dando toquecitos con el dedo bajo el ojo para aplicar corrector frente a un espejo

El maquillaje puede empezar ya. El siguiente paso depende de la naturaleza de tu piel: ¿la tienes bastante limpia y lisa? Pasa a la siguiente etapa: la base de maquillaje. ¿Tienes algunas rojeces, imperfecciones o irregularidades? Entonces aplica una de esas prebases correctoras que camuflan e iluminan la tez. Una base correctora ayuda, en una capa muy fina. Una base verde neutraliza las rojeces; una base melocotón calienta una tez gris; una base violeta ilumina los rostros cansados. Corrige solo la zona afectada, no toda la cara.

Tarro pequeño de base correctora en tono melocotón sobre una superficie clara
Mujer joven de tez luminosa sentada junto a una ventana en invierno

¿Los productos de más calidad? Las prebases, para elegir según el efecto que busques.

Ahora sí, aplica la base de maquillaje. Elige un tono igual al de tu piel natural, nunca más oscuro. La base no tiene como función colorear la piel: la iguala. El color es cosa del colorete, que llega más adelante. De momento, aplica la base con brocha, esponja o los dedos, según prefieras, con movimientos desde el centro del rostro hacia fuera. ¿Bases de maquillaje destacadas? MAC ofrece productos excelentes: hidratantes con color, bruma facial, base en crema... solo tienes que elegir. También merece la pena probar una base extra que se aplica con brocha para un acabado resplandeciente.

Gota de base de maquillaje y esponja húmeda sobre una superficie clara

Si tienes algunas ojeras que quieres disimular, ¡es el momento! Aplica el corrector: elige un tono igual al de tu piel, o medio tono más claro, no más. Aplícalo con el dedo, a pequeños toquecitos, sin extenderlo demasiado. También puedes iluminar zonas oscuras, como las aletas de la nariz. Demasiado producto resalta justo lo que querías ocultar. ¿Productos que funcionan? El corrector Touche Éclat de Yves Saint Laurent y el corrector con tratamiento de Sisley.

Tubo de corrector claro sobre una superficie neutra

¿Ya está aplicada e igualada la base? Entonces pasamos al polvo, que busca dar a la tez un acabado empolvado y mate. Aplícalo con brocha mejor que con borla: el resultado será más ligero y natural. El polvo debe elegirse en función de la base y, por lo general, debe ser casi transparente. ¿Lo que nos gusta? Un polvo suelto que aterciopela la piel de forma duradera, una auténtica delicia.

Polvo compacto translúcido en su estuche abierto

La sesión de maquillaje toca a su fin; solo queda aplicar un toque de buena cara con la polvera: ¡el colorete! Elige su tono en función de la base, del color de ojos y cabello o incluso de tu ropa del día: más rosado para rubias, más albaricoque para morenas, pero después de todo no hay ninguna ley, va según tus ganas. ¿El producto estrella? Un colorete suave y ligero de Chanel, para ese efecto de buena cara que buscas. Aplica el color en la parte alta del pómulo y sube hacia la sien. Carga apenas la brocha: mejor repasar que corregir. Y para las pieles morenas, atrévete con tonos claros, albaricoque o terracota; no hay ley, solo ganas.

Cuando estás bien, se te nota: brillas, tus pómulos se tiñen de un bonito rosa y tu rostro no muestra ni ojeras ni grisura. ¡Una alegría! Por desgracia, tu tez no siempre es tu aliada; también sabe traicionarte: el invierno, las fiestas seguidas y algunos excesos con el chocolate y los refrescos pueden, en algunas personas, favorecer la aparición de imperfecciones, poros dilatados, ojeras de cansancio y todo el repertorio de la chica agotada. En esos casos, apuesta por la hidratación y aligera el maquillaje: base ligera, corrector y un toque de polvo. Ganas naturalidad a cambio de perder cobertura. Por suerte, hoy el maquillaje se ha vuelto inteligente. Sí, sí: camufla lo que debe y realza todo lo demás, mientras hidrata, matifica y equilibra. Vamos, un auténtico trabajo de profesional.

Brochas de maquillaje lavadas secándose sobre un paño de lino

Presupuesto

En cuanto al presupuesto, calcula entre 10 y 20 € para una espuma limpiadora sin jabón de supermercado o parafarmacia, y entre 15 y 40 € para una crema hidratante adaptada a tu tipo de piel. Una base correctora cuesta entre 12 y 35 € según la marca; una base de maquillaje, entre 15 y 45 €; un corrector, entre 12 y 40 €; un polvo suelto, entre 8 y 35 €; y un colorete, entre 10 y 45 €. Los precios varían según la cantidad, la composición y el canal de distribución. Las marcas citadas son orientativas, no obligaciones: muchas farmacias y marcas de gama media hacen muy bien el trabajo. El verdadero gasto no es el producto, sino la técnica: una base correcta aplicada en capa fina se verá siempre mejor que un producto de alta gama extendido demasiado espeso.