Extensiones de pelo, lo que conviene saber

Todas hemos mirado alguna vez una melena larguísima preguntándonos si sería de verdad. Y luego hemos suspirado mientras nos tocábamos las puntas castigadas. ¿Esperar años para tener por fin el largo que soñamos? Nosotras pasamos. Así que admitámoslo: las extensiones de pelo dan ganas, siempre que sepas dónde te metes.

Dos mechas de extensión una junto a otra sobre lino claro: una sintética y brillante, otra natural y ondulada

Cómo se colocan, en la práctica

El principio es sencillo: se fijan a la raíz de tu propio pelo, con una técnica concreta, unas mechas del largo que elijas. Según el método —queratina, anillas o tejido— el gesto cambia, pero la idea es la misma. Y el resultado también: más densidad, más largo o las dos cosas a la vez, según lo que busques.

Parte del pelo natural que se usa en las extensiones procede de donaciones hechas en templos de la India, pero el origen varía mucho de un proveedor a otro. Un detalle que importa si te gusta saber de dónde viene lo que llevas en la cabeza, y que merece un par de preguntas a tu peluquera antes de lanzarte.

Con el color no se juega al azar. Lo habitual es que la peluquera combine varios tonos dentro de la misma gama para conseguir un fundido más natural y un acabado luminoso. Vamos, que el resultado no parece una peluca puesta ahí: el matiz pasa desapercibido precisamente porque está trabajado.

La cita y su dosis de paciencia

La colocación dura varias horas y exige mucha minuciosidad. No nos vamos a engañar: se hace largo. Pero una vez terminada, el resultado es asombrosamente natural. Ese famoso efecto «¿cómo lo has hecho?» bien merece unas cuantas horas sentada en el sillón.

Para que esa buena impresión dure, suele hacer falta una cita de mantenimiento al cabo de unas semanas o unos meses. La vida útil de las extensiones varía según el método elegido, la calidad del pelo y el cuidado que les dediques. Conviene comprobar de antemano si esas visitas entran en el precio inicial o se cobran aparte, y contar también con una vuelta a la peluquería para ajustar o volver a fijar alguna mecha que se suelte.

Plano por detrás de una mujer joven con melena larga morena degradada en caramelo y reflejos fundidos

Gestos que alargan la vida de tus extensiones

No todo se decide en el salón. Unos gestos sencillos te ayudan a mantenerlas bonitas durante más tiempo: cepillar con suavidad, sin tirar de los anclajes, evitar las temperaturas altas del secador o de la plancha y seguir los consejos de tu peluquera. Es decir, un poco de indulgencia con estas mechas que viven contigo: nada de tirones al desenredar ni de calor excesivo.

Nuca de una mujer joven con el pelo rizado y microanillas i-tip visibles junto a las raíces

¿Qué mujer no ha soñado alguna vez con tener el pelo largo y sedoso... en un solo día? Hay cabellos con los que es difícil llegar a cierta longitud (demasiado finos, dañados...), y también quien se lo cortó y le gustaría volver a verlo largo sin esperar años. ¿A ti también te apetece? Pues ahora ya sabes que es posible, eso sí, contando con la paciencia de la colocación, el mantenimiento y el presupuesto.

Antes de la colocación, infórmate sobre el método de fijación que van a usar (queratina, anillas, tejido...) y pide una prueba de tolerancia en una mecha pequeña si tu cuero cabelludo es sensible.

Cuánto cuesta

En cuanto al presupuesto, todo se cuenta por mecha y la cuenta sube rápido: calcula entre 300 y 1.000 € por una colocación completa en un salón profesional, y a veces más según el largo que quieras, la calidad del cabello y el método de fijación. La ciudad, la gama y el propio salón también hacen variar la factura. Pide siempre un presupuesto antes de lanzarte y comprueba con detalle qué incluye: colocación, retoques y retirada.

Una recomendación de una amiga, o un salón del que te hayan hablado bien, ayuda a elegir tanto por confianza como por precio.

Para saber a dónde acudir, empieza por el salón al que ya vas a cortarte el pelo: pide una cita de diagnóstico capilar, sin compromiso, para valorar qué método encajaría con tu tipo de cabello. Y si tu pelo es fino o tu cuero cabelludo reactivo, una opinión de un dermatólogo antes de la colocación puede ahorrarte más de un disgusto: primero la salud del cabello, después el largo.

Así, un flechazo se convierte en una decisión bien pensada y asumida sin complejos.